Prosa
aprisa
Ampudia,
seis meses después
Arturo
Reyes Isidoro
El jueves, dentro de tres días,
Enrique Ampudia Mello cumplirá seis meses en el cargo de Subsecretario de
Gobierno. Rindió protesta ante el gobernador Javier Duarte de Ochoa el 17 de
julio pasado.
Al darle posesión, el ejecutivo
estatal dijo que venía a sumar su trabajo y experiencia y que su incorporación
reforzaría la efectividad del área mediante la respuesta oportuna y legal a las
diferentes demandas de los ciudadanos.
“Tenemos el deber de trabajar
para todos sin distingo de ideología, hacer del diálogo la premisa para atender
y resolver los reclamos sociales e impulsar la corresponsabilidad como el
vínculo con la sociedad para que México y Veracruz sigan adelante”, expresó
entonces Duarte.
La respuesta de Ampudia fue muy
precisa: "Con palabras ahora, con hechos después, le digo que mi
mayor compromiso personal, mi principal prioridad, será corresponder a
este generoso gesto suyo y estar a la altura de lo que en el corazón y en
la mente implica la responsabilidad que me otorga… le reitero, señor
gobernador, que corresponderé a esta oportunidad con mucho trabajo y absoluta
lealtad".
La llegada del ahora
subsecretario de Gobierno fue un caso especial, sin duda alguna, e inesperado.
El tiempo y las circunstancias políticas hicieron lo suyo para propiciarla. Y
Duarte de Ochoa tuvo el tino y la sensibilidad política –o tenía información
suficiente para dar el paso que dio con toda oportunidad– para invitarlo a que
se incorporara a su equipo de gobierno.
Porque, pasados los días, los
cambios políticos en México han venido a fortalecer a Enrique, pues es cosa de
recordar de que hasta antes de que viniera a Veracruz formaba parte del área de
estrategia política de la campaña del ahora presidente Enrique Peña Nieto, del
conocido entonces como “cuarto de guerra” del mexiquense.
Y ahí formaba equipo con dos de
los hombres más relevantes de la campaña y ahora del gabinete presidencial:
Miguel Osorio Chong, hoy súper secretario de Gobernación, y Jesús Murillo Karam, hoy Procurador General
de la República (de Osorio Chong no es nada desdeñable que el presidente haya
decidido nombrar a su esposa Laura Vargas directora del DIF nacional, el área
que depende directamente de su esposa Angélica Rivera, lo que habla del nivel
de confianza personal y familiar que tienen, y a ese grupo pertenece Ampudia).
No obstante eso, como buen
político, Ampudia Melo se conduce con el mayor profesionalismo e
institucionalidad y en Veracruz, que se sepa, se conduce como un soldado más del
gobernador Javier Duarte de Ochoa, pero, además, cuidando todas las formas
como, por ejemplo, ser muy respetuoso, dar su lugar y colaborar abiertamente
con su superior inmediato, el secretario de Gobierno Gerardo Buganza Salmerón.
Enrique se define, como se ha
definido siempre, como el único veracruzano que acepta haber nacido en el
Distrito Federal. Quizá eso influya también a su favor y del propio gobernador
de ponerlo a salvo de cualquier sospecha de que pudiera actuar en beneficio
propio con el interés, por ejemplo, de aspirar a la gubernatura para 2016.
En Xalapa, en más de una ocasión,
hemos coincidido con Enrique en algún restaurante y siempre lo he visto
haciendo política como añoraba y pedía que se hiciera don Gilberto Borja
Navarrete (“Prosa aprisa” del 9 de enero, “Colaboradores; privilegiar la
política”): platicando, cabildeando, intercambiando información con actores
políticos de los diversos partidos políticos, con personajes de la sociedad,
civil, con periodistas…
Seis meses después, sobre todo,
es el ejecutivo estatal a quien corresponde valorar si hizo buena o la mejor
inversión política invitando a un colaborador de la experiencia y de la calidad
de Enrique Ampudia Mello. Por los resultados, todo indica que no pudo hacerlo
mejor. Seguramente, a la larga se habrán de reflejar los resultados.
Descubre cómo terminará tu carnaval
Desde que, joven
entonces, viví en el puerto de Veracruz, me hice de una tesis personal: si el
agua de mar fuera licor, segurísimo, en cada Carnaval le bajarían el nivel al
océano.
Y es que vi, y viví, la
celebración, incluso la preparación de las comparsas y de los bailes de cerca,
y ya luego, en otras etapas de mi vida, siempre que podía iba al festejo, al
despiporre, al desmadre, que siempre he sostenido también que las personas
nacidas en la costa y en tierra caliente tenemos otro temperamento muy a
propósito para este tipo de estas verdaderas bacanales.
Una versión histórica
dice que el Carnaval tiene su origen en las fiestas paganas como las que se
celebraban en la antigüedad en honor a Baco, en la mitología clásica Doniso, el
dios del vino e inspirador de la locura ritual y el éxtasis.
Y es que precisamente
este éxtasis hace que durante las fiestas de carnestolendas, ya próximas, el
puerto jarocho viva, verdaderamente, días de locura, no sólo porque por tantos
visitantes se desquicia la ciudad y todos sus servicios, sino porque el
ambiente de fiesta combinado con el alcohol que fluye por toneles hace que la
embriaguez sea una de las características del festejo.
Hoy, muchísimos años
después, casi confirmo que mi tesis de joven no estaba nada mal. En el diario Notiver se publicó el jueves pasado que,
según el gerente regional de la cervecería Cuauhtémoc Moctezuma en Veracruz, Rogelio Ramos, durante
los días de carnaval (casi una semana), estiman que en el puerto jarocho se
habrán de consumir mil hectolitros de bebidas espirituosas, esto es, 100 mil
litros, equivalente a un aproximado de 300 mil botellas de 355 mililitros.
Eso, claro, sin contar
los rones, brandis, güisquis, vodkas, tequilas, refrescos de cola y aguas
minerales para combinarlos o acompañarlos, por lo que, sí, sin duda alguna, si
en lugar de todo eso el mar fuera licor, su nivel bajaría (cosa aparte indagar
a dónde van a parar esos 100 mil litros de cerveza, ya consumidos, asunto que a
lo mejor se incluye en el resultado del eslogan oficial del Carnaval este año:
“Descubre cómo termina tu carnaval”).
Y, claro, si el mar fuera
licor, la única desventaja es que no pagaría impuestos o daría una coperacha, como
la cervecera, que, dijo Rogelio Ramos, aportará 20 millones de pesos para el
patrocinio de la fiesta, que se distribuirán, un porcentaje para el gobierno
del estado, otro para los permisos de la venta de la cerveza, y otro para la
publicidad en radio televisión y espectaculares (pues de cuánto serán las
ganancias).
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