Prosa aprisa
La vuelta del PRI al poder
Arturo Reyes Isidoro
A ratos,
pareció que había retrocedido en el tiempo. Se me figuraba que estaba yo en el
sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez.
El viaje en el
tiempo, hacia atrás, me lo motivaron políticos y empresarios yucatecos: todos,
como cortados por la misma tijera, lucían impecables y relucientes guayaberas
blancas.
Si bien en
ellos tiene su origen esa prenda de vestir, fue LEA quien la puso de moda como
vestimenta política en todo el país. Durante su gobierno, usarla era como una
señal de identidad.
(Posterior a
él, José López Portillo puso de moda las camisetas tipo polo cuello de tortuga;
como Fidel Herrera Beltrán puso de moda las prendas de vestir color rojo.)
Cuando
concluyó aquel sexenio de locura del poder de Echeverría, recuerdo que Héctor
Lechuga y Chucho Salinas, con su humor satírico ácido, montaron una obra de
teatro que tuvo gran éxito y cuyo nombre
lo decía todo: “Adiós guayabera mía”.
A ratos,
también, me pareció que estaba ante el avasallador sexenio del presidente
Carlos Salinas de Gortari.
Pero no. Se
trataba del presente. De la vuelta del PRI al poder. De la hegemonía
presidencial tricolor. De un Enrique Peña Nieto que amalgama características de
sus antecesores, en especial de Echeverría y de Salinas.
Estuve el
pasado 21 de diciembre en Mérida, Yucatán, para la celebración del final de la
llamada cuenta larga maya y el inicio de la nueva etapa Baktún 14 y pude ver el
nuevo-viejo estilo con que se conduce el nuevo presidente.
Peña Nieto
estuvo en la tierra de las “marquesitas” para presidir la ceremonia de
presentación del proyecto del Tren Transpeninsular, una promesa de campaña, y
para la “entrega plena” del Gran Museo del Mundo Maya, o sea, para
reinaugurarlo, porque en noviembre ya lo había abierto Felipe Calderón.
Me llamaron la
atención varias cosas que, viejo reportero que soy, me recordaron mis años
juveniles cuando andaba ya con mi libreta y mi grabadora cubriendo visitas
presidenciales.
Mérida está
considerada la ciudad más segura del país, con el menor índice de delincuencia.
No obstante, hubo, a mi juicio, medidas de seguridad extremas, en exceso.
Muchas, varias cuadras a la redonda tanto del Palacio de Gobierno como del
Museo, donde se celebraron los actos, con vallas metálicas fueron cerradas
calles a la circulación de vehículos. El centro de la ciudad de convirtió en un
megacaos por el gran embotellamiento que se generó. Pero no sólo eso. Con
vallas metálicas se impidió también el paso de transeúntes en muchas calles y de
una acera a otra.
El nuevo
presidente ha devuelto el protocolo a su llegada al aeropuerto, que se
practicaba antes, hasta que acabaron con él los presidentes panistas. Ahora,
otra vez, se le rinden honores con la inclusión del Himno Nacional. Como en los
viejos –y “mejores”– tiempos tricolores.
El zócalo, el
parque, la llamada Plaza Grande, frente al Palacio de Gobierno y Catedral de
Mérida, se llenó desde temprano, bajo estricto control de seguridad. Ahí había
tres manifestantes a las que se aisló en una tienda de campaña siempre vigilada
por guardias, pero no se les desalojó. Algo que me pareció bien. Incluso a una
de ellas, que reclama la custodia de sus hijos, se le permitió que se acercara
al presidente y le entregara una carta. Él le dijo que de su caso hablaría con
el gobernador.
Cuando Peña
Nieto llegó a la entrada del Palacio de Gobierno, rompió el protocolo de
seguridad y junto con su esposa fue a saludar a la gente. Lo hizo durante
cuatro, cinco minutos. Muchas jovencitas aprovecharon para tomarse fotografías
con la primera dama. Él les daba las gracias por haber asistido. Estilo
populachero, sin duda.
Ya dentro del
Palacio, después de concluido el acto formal, se asomó al balcón principal y
desde ahí saludó de nuevo a la multitud. Como en los mejores tiempos del
echeverriato o del salinismo.
Terminado el
acto del proyecto del Tren Transpeninsular, el mexiquense recorrió el Palacio
de Gobierno para, a continuación, en un hecho que nunca antes había sucedido en
Yucatán, según dijeron los presentes, se introdujo al despacho del gobernador
Rolando Zapata Bello con quien tuvo un acuerdo de 20 minutos.
Más tarde, a
su llegada al Gran Museo del Mundo Maya, Peña Nieto dejó que los hmenes mayas
le hicieran una limpia con yerbas. Horas después chequé la página de la
Presidencia pero noté que esa foto no la subieron.
¡Y Veracruz
estuvo presente en la visita! Fue cuando el gobernador yucateco le solicitó al
presidente apoyo para que se instituya anualmente un Festival de la Cultura
Maya que tenga la categoría del festival internacional El Tajín, le dijo, a lo
que respondió favorablemente Peña, comprometiéndose a que en diciembre próximo
irá a inaugurarlo.
También
observé cómo David López, coordinador de Comunicación Social de la presidencia,
a diferencia de sus antecesores en los gobiernos priistas que preferían estar
cerca de periodistas, estuvo sentado en primera fila, como un funcionario más,
al lado del hijo del presidente, Alejandro Peña Pretelini.
Y un pequeño
gran detalle: el presidente tuvo trato deferente y mención especial para el
arzobispo Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, a quien minutos más tarde yo vería
en los portales con una gran sonrisa recibiendo el saludo de los feligreses (en
Mérida todos, todos a los que vi, besaron la mano del prelado, cosa que creo
que ya es muy rara, aunque no me sorprendió en una sociedad conservadora, tanto
que el emblemático Diario de Yucatán,
que tiene 85 años circulando, de la columna “De política y cosas peores”, de
Catón, publica sólo unas cuantas líneas porque le censura todos los chistes
pelados.)
Lo que sentí
fue mucha fuerza del presidente Peña Nieto. Como que el priismo volvió con
mucho poder… y aceptación. Calderón siempre me pareció muy gris. Ahora las
cosas han cambiado.
Y quise
recuperar lo anterior porque fue el primer acercamiento que tuve con el priismo
vuelto al poder presidencial y porque el presidente viene el día 6 al estado, a
encabezar el acto conmemorativo de la expedición de la primera Ley Agraria del
país, la de 1915.
Cada estado
tiene sus propias características y ninguna gira se parece a otra. Pero habrá
que estar pendientes para ver cómo se conduce en suelo veracruzano el nuevo
huésped de Los Pinos.
Será porque
Calderón nunca me despertó simpatías y me pareció siempre muy gris, pero al PRI
en la presidencia, por lo menos en Mérida, que tradicionalmente ha sido bastión
panista, con una sociedad muy conservadora, lo vi fuerte y con él a Peña Nieto,
o viceversa.
El presidente
despierta muchas simpatías y grandes expectativas, y se ve dispuesto a cumplirlas.
Habrá que verlo en Veracruz dentro de cuatro días.
Pésame
Desde este
espacio, un abrazo y mi solidaridad con Francisco “Paco” Muñoz Ruiz,
coordinador de asesores de la Secretaría de Finanzas y Planeación, por el
fallecimiento, el día 31 de diciembre, anteayer, de su madre señora Ana Ruiz
Oller, en la Ciudad de México. El abrazo lo hago extensivo a su hermano Marco
Miguel, ex subsecretario de Desarrollo Económico en el gobierno del licenciado
Miguel Alemán Velasco.
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