Prosa
aprisa
Colaboradores;
privilegiar la política
Arturo
Reyes Isidoro
Recuerdo que cuando Vicente Fox
llegó al poder, su método para seleccionar a los que serían sus más cercanos colaboradores
fue contratar a famosos head hunters
(“cazadores de talentos”), con base en lo cual llegó a afirmar que gobernaría
con un “gabinetazo”.
El método fue un fiasco pues del
equipo original sólo terminaron el sexenio seis secretarios: los de la Defensa,
Marina, Hacienda y Crédito Público, Educación Pública, Comunicaciones y
Transportes y Salud.
Y es que los head hunters buscaron, ciertamente, y recomendaron a personajes
destacados en su campo, pero utilizando un criterio más empresarial que
político. Así, por ejemplo, recomendaron para Turismo a una vendedora de
cosméticos, Leticia Navarro, que en su área había descollado pero que como
funcionaria federal duró apenas dos años y medio sin haber logrado nada que
merezca recordarse.
En diciembre pasado, Jorge
Fernández Menéndez, en una de sus columnas que publica en Excelsior (“El equipo de EPN, el regreso de la política”, 6/12/12)
comentó que una de las cosas que deberían despertar optimismo respecto al
futuro inmediato era que independientemente de la calidad técnica de los
integrantes del nuevo gabinete presidencial era que se había decidido
privilegiar a la política.
El periodista y comentarista de
radio y televisión recordó que poco antes de que muriera el empresario constructor
Gilberto Borja Navarrete (falleció en abril de 2007), premio Belisario
Domínguez, le decía que añoraba los tiempos en los que los secretarios de
Estados eran personajes que desayunaban, comían y cenaban haciendo política,
recibiendo gente, haciendo contactos, solucionando cosas, mientras los
subsecretarios se encargaban de todo el trabajo técnico, arduo, de oficina.
Acaso yo soy un nostálgico de esa
forma de hacer política, quizá porque cuando me inicié en el periodismo y
durante muchos años de mi ejercicio profesional me tocó esa práctica, quizá
porque a mi paso por el poder, directa o indirectamente participé de ella y
siempre supe que daba resultados, que era efectiva. Hasta la fecha, a quien me
pide una opinión se la recomiendo.
Pero es indudable que los nuevos
gobiernos, algunos, se han alejado de esa forma de conducirse y los resultados
luego se notan.
En política y en el gobierno todo
se puede lograr con acercamiento, con diálogo, con argumentos, con cabildeo, no
necesariamente con presiones o por la fuerza o mediante represalias. Claro, en
algunos casos es porque no se sabe cómo hacerlo. Pero de que da resultados
positivos, los da.
Fernández Menéndez recordó que el
ingeniero Borja Navarrete le decía, “y tenía toda la razón”, que hoy día nadie
quiere un secretario encerrado, agobiado por temas y problemas, que no trabaje
hacia afuera; que los puestos en el gabinete son políticos y así deben ser
entendidos; que la responsabilidad de sus integrantes es hacer política; que
para eso están ahí.
Ponía como ejemplo el gobierno de
Ernesto Zedillo, presidente entonces, cuando los secretarios técnicamente eran
muy bueno, “pero nadie hace política y, por eso, los gobiernos no funcionan”.
Para Fernández Menéndez, y estoy
de acuerdo con él, el mayor problema que tuvieron las administraciones del PAN
fue la ausencia de la política y de políticos. En el gobierno de Fox la
política importó poco. En el de Calderón, él era el más experimentado y nunca
le gustó delegar. Sólo él hacía o dejaba de hacer política.
Sí. Alienta que al gabinete
presidencial hayan llegado verdaderos políticos. Alienta que Enrique Peña Nieto
haya recomendado a sus colaboradores que dejen, que salgan de sus oficinas a
ensuciarse los zapatos, a escuchar a la gente para alimentar la política
pública de su gobierno. Eso mismo es válido hasta para con la prensa.
Sin duda, la política es un oficio
de políticos. No de bisoños ni de improvisados menos de oportunistas.
A propósito, una versión dice que el
presidente Enrique Peña Nieto no tiene en su ánimo al ex gobernador Fidel
Herrera Beltrán. Podría ser. Sin embargo, el paso de los días empieza a mostrar
cómo, como políticos y como gobernantes, tienen varias cosas en común: su forma
de hacer política, de gobernar.
Me atrevo a pensar que su hechura
como priistas, al lado de viejos y experimentados hombres como Jesús Reyes
Heroles (Fidel) o Carlos Salinas de Gortari aunque lo inspira Adolfo López
Mateos (Peña Nieto) les enseñó formas de conducirse, que creen que son las
adecuadas para tener éxito.
Por ejemplo, el pasado 21 de
diciembre, en Mérida, me llamó mucho la atención cómo a su llegada al Gran Museo
del Mundo Maya para su “entrega plena” (en realidad fue para reinaugurarlo,
porque ya lo había inaugurado en noviembre Felipe Calderón), el mexiquense dejó
que los hmenes mayas le hicieran una “limpia” con yerbas, similar a como lo
hacían los brujos de Catemaco con el de Nopaltepec (la única diferencia fue que
Presidencia no subió la foto a su página web y en cambio Fidel la hacía
circular por todos los medios).
Pero el 26 de diciembre, en
Tlaxcala, el ex gobernador del Estado de México reiteró su disposición a ser un
presidente itinerante que recorrerá el país para “sentir” a su gente, para
estar cerca de ella, también similar a cómo lo practicó el ahora ex gobernador
de Veracruz.
Fidel lo supo, y Peña Nieto lo sabe,
que hoy no se puede gobernar alejado del pueblo, de los representados; y el
mexiquense seguramente pretende también, de esa forma, legitimarse luego de los
cuestionamientos de los jóvenes durante su campaña y de la izquierda por el
resultado de la elección del 5 de julio.
O sea, el nuevo presidente, con su
actuar, de alguna forma está avalando en parte la forma de gobernar que siguió
el cuenqueño, yerros de éste aparte. Y es que ambos son políticos, ciertamente
uno mucho más viejo que el otro, pero ambos nutridos con la savia de los
viejos, de esos a los que añoraba don Gilberto Borja Navarrete.
Que yo sepa, ahora mismo, dos de los
colaboradores del gobernador Javier Duarte de Ochoa que están utilizando esa
vieja y efectiva práctica son el secretario de Gobierno, Gerardo Buganza
Salmerón, y el subsecretario del ramo, Enrique Ampudia Melo, como debe de ser y
como corresponde a su área: la del manejo de la política interior del Estado.
Habrán de seguir cosechando muy buenos resultados si así continúan.
Dejará ir el tren que viene
Bien,
la reacción del gobernador Javier Duarte de Ochoa, el lunes en el acto
conmemorativo de los mártires de Río Blanco. Aquí escribí previamente que la
plaza es caliente y, claro, no faltaron las manifestaciones de protesta y de
solicitudes, ante lo que el cordobés dialogó con los inconformes, señalando que
su gobierno no teme a las manifestaciones sino que, al contrario, las demandas
se canalizan a las diferentes áreas para darles respuesta. Tan sencillo como
eso. Bien… Mireya Toto Gutiérrez, directora general de la Comisión Estatal para
la Atención Integral a Víctimas del Delito participará este miércoles, en Los
Pinos, a nombre del Gobierno de Veracruz, en el acto en que el presidente
Enrique Peña Nieto dará a conocer la publicación de la Ley General de Víctimas.
Se le invitó en atención a que el gobernador Duarte de Ochoa fue el primero en
el país que implementó políticas públicas en la materia… Pues no. Resulta que
el alcalde de Tuxpan, Alberto Silva Ramos, tomó ya una decisión: no irá como
candidato a diputado local y se dispone a terminar, a tambor batiente, su
gestión como alcalde. Alberto tiene experiencia, olfato político y por algo
tomó su decisión. Que sea para bien de los tuxpeños.
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