Prosa
aprisa
Este 6 de
enero
Arturo
Reyes Isidoro
Como
presidente de México, Enrique Peña Nieto llegará por primera vez al estado el
próximo domingo 6 de enero.
Viene a
cumplir un viejo ritual priista, que los gobiernos panistas tanto de Vicente
Fox como de Felipe Calderón ignoraron prácticamente y casi desaparecieron.
La celebración
del 6 de enero conmemora la expedición de la primera ley agraria del país, la
de 1915, promulgada precisamente en el puerto jarocho por el presidente
Venustiano Carranza.
La normatividad
de hace 98 años tuvo como propósito fundamental repartir y distribuir
propiedades que los grandes hacendados habían arrebatado a sus legítimos
propietarios, los campesinos ejidatarios, así como impulsar la Comisión
Nacional Agraria.
Hoy, con esa
ley y las reformas que a partir de ella se derivaron, se ha logrado restituir
las tierras arrebatadas a sus verdaderos dueños. Ya no hay más que repartir.
En el siglo
pasado, esa celebración devino en un acto agrario masivo prácticamente de tipo
electoral priista, en el que el tema agrario era un mero pretexto.
El viejo
discurso presidencial priista lo menos que ofrecía era justicia para los
campesinos y acabar con la pobreza y el rezago en el campo.
De vuelta el
PRI al poder, las condiciones en el agro no distan mucho de cuando la derecha
les arrebató la presidencia. La justicia sigue pendiente y la pobreza y el
rezago continúan, e incluso en algunas regiones se han acentuado.
Pero ahora hay
otros problemas además que resolver en el campo; por ejemplo, evitar que las
propiedades les sean arrebatadas a los hombres del agro no por hacendados, sino
por la delincuencia organizada.
Asimismo –y
ahí se exhibe una falla de los gobiernos– lograr que se produzcan alimentos
básicos, porque las tierras ociosas se ocupan para sembrar y cosechar
estupefacientes.
En el siglo
pasado, la víspera y el mero 6 de enero eran verdaderos días de fiesta política
en el puerto jarocho: prácticamente la república agraria del país se reunía en
Veracruz.
Asistían al
acto conmemorativo no sólo el presidente y el secretario de las entonces
Secretaría de la Reforma Agraria y el de Agricultura, sino los presidentes del
Senado y de la Cámara de Diputados, los gobernadores del país (priistas, por
supuesto), las diputaciones federales y locales de México integradas por
miembros de la Confederación Nacional Campesina (CNC), las dirigencias de las
Ligas Agrarias del país, los presidentes municipales de municipios campesinos e
indígenas de la república y toda la prensa que cubría la llamada fuente
agraria.
Para esas
fechas, los hoteles se llenaban a toda su capacidad, los restaurantes y cafés
se atestaban, la ciudad de llenaba de autobuses de toda la república en el que
se transportaban los visitantes, el aeropuerto Heriberto Jara se llenaba de aviones
de todo tipo y tamaño, los comerciantes hacían su agosto en enero. Todo era
felicidad, aunque sólo se produjera en el discurso o en las páginas de los
periódicos.
Y, claro, todo
aquel escenario era la escenografía ideal para que se balconearan candidatos lo
mismo a presidentes municipales que a diputados y a senadores, incluso, según
la fecha, a presidentes de la república.
La fecha, este
año, despierta curiosidad. ¿Continuará el nuevo PRI con sus viejas prácticas?
¿Para demostrar su fuerza política volverá a las grandes concentraciones de
antaño? ¿Mostrará austeridad y evitará el derroche de recursos? ¿Cuál será el
tono del mensaje? ¿Volverá la vieja práctica de los lonches con dos pambazos,
un plátano, una naranja y un boing? ¿Viajarán toda la noche los campesinos de
la Huasteca y de Las Choapas así como del Uxpanapa para llegar por la mañana, a
tiempo, al puerto de Veracruz?
Es de
esperarse que el tema del mensaje presidencial sea la política para el campo.
La fecha se impone. Seguramente, Peña Nieto aprovechará para plantear lo que se
propone para su sexenio en materia agraria.
Habrá de
verse, y de escucharse, además de ello, que anuncios concretos trae de
beneficios para el estado.
En diciembre
pasado, en Mérida, por ejemplo, el día 21 acudió a anunciar que en este año se
lanzará la convocatoria para construir un tren transpeninsular que anunció
durante su campaña para Yucatán. Además, comprometió todo su apoyo para echar a
andar el gran Festival de la Cultura Maya, que ofreció ir a inaugurar en diciembre
próximo.
Si se
recuerda, en Veracruz, cuando andaba en busca del voto, se comprometió a:
mantener a la
Policía Naval en Veracruz;
fortalecer el
Programa Oportunidades;
construir la
autopista Tuxpan-Tampico;
continuar el
proyecto de construcción de la carretera Cardel-Poza Rica;
construir la
primera etapa del Periférico de Orizaba;
construir el
Centro de Convenciones de Córdoba;
construir el
Hospital Regional de Alta Especialidad del Sur de Veracruz;
desarrollar un
programa de apoyo para elevar la productividad agropecuaria de Tierra Blanca;
iniciar un
programa de inversión por el bienestar y calidad de vida de quienes viven en
zonas petroleras;
construir el
libramiento ferroviario de Coatzacoalcos;
modernizar la
Carretera Federal 180, la que va a lo largo de la costa;
construir el
bulevar Boca del Río-Antón Lizardo;
rehabilitar el
Centro Histórico de Veracruz;
construir
caminos intermunicipales en beneficio de 24 municipios en las faldas del Pico
de Orizaba;
modernizar el
aeropuerto El Lencero, en Xalapa y
construir el
libramiento de la Ciudad de Coatepec.
Fueron en
total 16 compromisos. A ver por cuál o cuáles comienza.
Por lo que se
va notando, el presidente Enrique Peña Nieto ha dejado atrás el pasado
electoral presidencial y busca armonizar su gobierno con los de los estados, y
para ello está otorgando todo su respaldo a los gobernadores. Lo hizo con el de
Nuevo León, con el de Chihuahua, luego con el Yucatán y, más recientemente, con
el de Tlaxcala. No se ve por qué no haya de hacer lo mismo con el de Veracruz.
O sea, creo ocioso seguirse preguntado, a estas alturas, si todavía está
molesto por el resultado electoral pasado. Creo que el presidente ve para
adelante, y hace bien. No se puede anclar en el pasado.
Hasta donde se
sabe, desde siempre, el mexiquense considera clave a Veracruz para lograr el
desarrollo del país y el éxito de su gobierno. Por eso, su preocupación porque
se ganara el pasado 5 de julio.
Creo que a
partir de este 6 de enero, Javier Duarte de Ochoa tiene un nuevo y gran reto: responder
a la confianza y a las expectativas que en él pondrá el presidente. De él y
sólo de él dependerá lograrlo.
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