Prosa
aprisa
Héctor, ante su gran oportunidad
Arturo
Reyes Isidoro
No es menor, la distinción que el Comité Ejecutivo Nacional
del PRI acaba de hacer en la persona del senador Héctor Yunes Landa.
El miércoles, al tomarle posesión e instalarlo oficialmente como
delegado del CEN en Baja California, el dirigente nacional César Camacho Quiroz
le entregó un cheque en blanco, que lo podrá cobrar a futuro, si la misión para
que lo han enviado le sale bien, o bien se lo podrán rebotar por falta de
fondos, si entrega malas cuentas.
Al iniciar 2013, Héctor se ha posesionado como el político
veracruzano mejor ubicado dentro de su partido y recobra el papel relevante que
durante mucho tiempo, en el siglo pasado, tuvo el priismo veracruzano en
el escenario nacional.
Después de que Veracruz fue el prototipo nacional de la clase
política política (Adolfo Ruiz Cortines, Miguel Alemán Valdés, Jesús Reyes
Heroles, Fernando Gutiérrez Barrios…), empezó un declive de figuras hasta que
devino en lo que hoy es: un remedo de aquellas generaciones de veracruzanos que
tenían las decisiones políticas del país en un puño.
Si se recuerda, el último jarocho que había recibido una
encomienda de la dirigencia nacional de su partido fue el ex gobernador Fidel
Herrera Beltrán, quien en octubre de 2011, a poco de haber dejado la
gubernatura, fue nombrado secretario regional en los estados de Tamaulipas,
Nuevo León, Durango y Coahuila para encargarse de los trabajos de organización
del Consejo Político Nacional que se celebraría el 8 de octubre de ese año.
En realidad, fuera de eso, el Tío Fide prácticamente no tuvo
tiempo ni de montar en su caballo, pues al poco tiempo emergió el verdadero
nuevo líder de su partido, Enrique Peña Nieto, quien lo dejó sin cargo, y su
protector Humberto Moreira, quien le había dado el nombramiento, cayó en
desgracia política víctima del escándalo por el terrible desfalco que dejó en
Coahuila.
Y luego, lo que quedó de la clase política veracruzana, si es
que existe alguna clase política veracruzana, cayó en desgracia: el
precandidato presidencial, luego candidato presidencial y luego presidente de
la república, Enrique Peña Nieto, la ignoró y la congeló por completo: no le
dio ninguna posición en su equipo, ni siquiera para ir por las tortas y los
refrescos.
Si bien hay dos funcionarios veracruzanos en el nuevo
gobierno federal, Fernando Aportela Rodríguez, subsecretario de Hacienda y
Crédito Público, y José Antonio González Anaya, director general del IMSS, ambos
son técnicos y su formación la han hecho casi en su totalidad en la Ciudad de
México.
(Cuando publiqué que en México las principales consultorías
políticas ordenaron seguir de ya a González Anaya porque de inmediato lo
empezaron a ver como el futuro candidato de Carlos Salinas de Gortari a la
gubernatura del estado para 2016, de México me comentaron que tampoco perdiera
de vista a Aportela, porque le ven tamaños a partir de su cercanía con el
presidente Peña Nieto.)
Así, de hecho, Héctor Yunes Landa ha sido el primer político
veracruzano que recibe de la administración peñista un nombramiento y una
encomienda especial, que lo puede catapultar a alturas insospechadas si tiene
éxito: rescatar para el PRI el estado de Baja California, que desde 1989 está
en manos del PAN.
De los 14 estados en que este año habrá elecciones, la
atención está puesta en Baja California: desde que Carlos Salinas de Gortari
era presidente, el tricolor no gana en esa entidad.
Pero la tarea que le espera a Héctor no es nada fácil porque,
como sucede ahora en Coatzacoalcos, la división mina al priismo no obstante que
el dirigente nacional Camacho Quiroz logró reunir el miércoles a los dos
aspirantes a la gubernatura, Carlos Hank Rohn y Fernando Castro Trenti, que se
dan con lo que puedan.
Pero el pero no está ahí. La gran loza que carga ya sobre sus
espaldas El Pípila Yunes Landa es la de Enrique Peña Nieto. Esta será su
primera elección como presidente de la república y quiere tener una imagen de
ganador, no quiere inaugurar su gestión política perdiendo y quiere ganar todas
las elecciones en los estados donde habrá comicios. Pero Baja California es la
cereza del pastel.
Independientemente del resultado, Héctor está ya, se colocó
bajo los reflectores. Tiene vitrina, escaparate. Seguramente dará mucho de qué
hablar en el futuro.
Consideraciones aparte, con este nombramiento, el ex
presidente de la Junta de Coordinación Política de la Legislatura local y ex
dirigente estatal del PRI, ha demostrado, como dicen en mi colonia, que las
puede.
El expediente fácil para hablar de él es que seguramente lo
metió su padrino político Manlio Fabio Beltrones, el pastor priista en la
Cámara de Diputados. Puede que haya contado con su empuje. Pero un encargo, una
responsabilidad como la que recibió el ex diputado por el distrito de La
Antigua no la entregó César Camacho Quiroz si no la consulto y si no la palomeó
el líder natural del priismo nacional, Enrique Peña Nieto.
Además, en todo caso, si así hubiera sido, no lo enviaron
sólo por alguna recomendación. Sin duda, le vieron tamaños, cualidades, lo
consideraron el mejor hombre político del momento para enfrentar el reto y
salir airoso.
No dejó de llamarme la atención que la primera reacción de
Héctor, una vez instalado en Mexicali, fue apresurarse a decir, mediante un
boletín de prensa, que no descuidará su trabajo como senador por Veracruz y
como presidente de la Comisión de Protección Civil del Senado, y que la
encomienda del CEN priista la desarrollará los fines de semana.
En la pasada campaña al Senado, observé a Héctor hiperactivo.
A veces me recordó a Dante Delgado Rannauro. A veces, a Fidel Herrera Beltrán. Por
lo que se advierte, así continuará. Creo que le faltó nada más decir que,
tranquilos porque si creen que no, seguiré dando mis conferencias de prensa los
lunes en La Parroquia del puerto de Veracruz, para no perder base (no me
sorprendería que incluso, pese a tanto quehacer y ya no tener tiempo para nada,
se aventara un “doctorado” como el que sacó Fidel Herrera Beltrán siendo
gobernador, estudiando, haciendo tarea, investigando y presentando sus avances
de tesis quién sabe a qué horas).
Pero ahí está Héctor Yunes Landa en
su carrera rumbo a la gubernatura. No pedía que le dieran sino que lo pusieran
donde hay. Ya lo pusieron en un rico panal. Después de tal distinción,
seguramente estará a reventar su comida de Alianza Generacional, que, por
cierto, a partir del 11 de noviembre del año pasado empezaron a enviar
invitaciones diciendo que sería este sábado 26 de enero, aunque no se sabe ni
se escucha nada. En aquella ocasión se decía que se esperaba en el convivio la
presencia de los “liderazgos más representativos de la entidad”. Cuando sea,
seguramente ahí estarán.
Acaso Héctor está ante la gran
oportunidad de su vida, la que le puede definir su futuro político y llevarlo a
su tan ansiada meta. Nada más deberá tener cuidado ahora con sus colaboradores:
ellos son los que hablan de más.
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