Prosa
aprisa
Cuba, México
y las almejas chilladoras
Arturo
Reyes Isidoro
Alguna vez, un amigo me hablaba
de las almejas chilladoras, y me preguntaba si sabía yo qué, cuáles o cómo
eran. Ante mi respuesta negativa, me ilustraba. Me platicaba y me explicaba que
en Las Barrillas, una comunidad del municipio de Coatzacoalcos, en el sur del
estado, se las daban a comer, frescas, apenas sacadas del agua y que entonces
él, para aderezarlas, les ponía unos granos de sal y unas gotas de limón antes
de llevárselas a la boca. “Cuando les cae la sal y el limón, nada más se
retuercen y hasta chillan”, me decía entre carcajadas y gestos de saboreo y
disfrute.
Esta descripción se me ha venido
a la mente ahora que he leído no sin sorpresa que Raúl Castro Ruz, hermano de
Fidel, por extensión el Estado cubano encarnado en él, el sistema
revolucionario de donde surgió el Che Guevara, el enemigo históricos de los
Estados Unidos y alguna vez aliado de la otra gran potencia mundial que
existió, la URSS, el hermano de la figura mítica que es el Comandante Fidel, el
asiento de la Revolución que inspiró a los movimientos de izquierda de todo el
mundo, el fetiche del Subcomandante Marcos
y el EZLN, el prototipo del movimiento armado y de liberación nacional
de los grupos guerrilleros del país, el alma ideológica del PRD (se supone), de
los seguidores de Andrés Manuel López Obrador y de todos los partidos de
izquierda de México, ¡resultó priista!, o ¡propriista!
Nunca pensé que me alcanzara la
vida para saberlo y comprobarlo. El
Universal y Milenio no han dejado
lugar a dudas. De pronto, el régimen cubano ha dado un viraje ideológico y por
lo menos hacia nuestro país ha expresado abiertamente su simpatía por un
partido del centro, el PRI, si bien el presidente Adolfo López Materos, tricolor,
se decía del centro-izquierda.
Firmada por Miriam Castillo y
Manuel Somoza, me imagino que sus corresponsales en la isla, el diario Milenio (también El Universal dio su versión, casi similar) publicó el siguiente
despacho:
“Santiago, La Habana • Raúl
Castro tomó su corbata y la mostró a Enrique Peña, y con un ademán afable le
dijo: ‘Hasta traje mi corbata roja. Qué bueno que regresó el PRI al poder en
México’.
Al parecer el jefe del Consejo de Ministros
de Cuba y hermano de Fidel Castro zanjó el incidente del ‘comes y te vas’, que
marcó la relación entre México y la isla durante los gobiernos panistas.
Castro extendió la mano y propuso relanzar
las relaciones entre ambos países. Incluso quedaron espacios para las bromas.
En respuesta, Peña lo invitó a visitar México:
—Sólo si no es solo a comer —dijo bonachón
el comandante.
Después confesó su añoranza por México,
dijo que antes del incidente era un visitante frecuente y que recuerda con
memoria fotográfica más de un lugar de esta ciudad.
Castro, que en espacios públicos se muestra tajante y hermético, decidió hacer una excepción en el encuentro y habló de su familia, sus hijos y nietos.
Castro, que en espacios públicos se muestra tajante y hermético, decidió hacer una excepción en el encuentro y habló de su familia, sus hijos y nietos.
De acuerdo con algunos integrantes del
equipo del presidente, la reunión se desarrolló casi con cercanía familiar y el
convenio se trasladó a la promesa de una visita bilateral en ambos países.
—No conozco al comandante Castro —confesó
el presidente de México refiriéndose a Fidel.
—Le prometo que se lo presento, pero con la
condición de acuda a Cuba —prometió su homólogo.
Con acento marcado y actitudes paternales,
Castro no dejó de palmear la espalda a Peña. Además lograron coincidir agendas
en medio de la cumbre de la Celac, un escenario parecido a la torre de Babel,
donde se cruzaron más de 60 mandatarios y representantes de Estado que se
dieron cita en Santiago de Chile.
En una sala pequeña, bastaron los 20
minutos que duró el encuentro para limar lo que parecía roto. Sin abundar
demasiado, el comandante Castro se limitó a admitir que fue más fácil
entenderse con los representantes del PRI.
En la clausura este lunes de la cumbre de
la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Castro evocó a
México, al que ‘amamos profundamente’, y en referencia al narcotráfico exclamó:
‘Me rompo la cabeza pensando qué solución puede tener’.
Castro consideró que el mayor agravante del
narcotráfico es la cercanía de México con Estados Unidos, donde, dijo, ‘ellos
reciben la droga’ en su condición de mayor mercado del planeta ‘y pasan el
armamento’ a las bandas que operan al sur de su frontera.
Alertó además sobre el peligro de que el narcotráfico
siga avanzando de ‘marea terrible hacia el sur’ y cuestionó las acciones
estadunidenses para acabar con el trasiego de estupefacientes”.
En México (en Xalapa, en especial en
Humanidades, a una cuadra de la sede estatal del tricolor) me imagino que todos
los procastristas, casi todos los que se dicen de izquierda o todos los de las
izquierdas, de todas las tribus, cuando leyeron y se enteraron que los Castro
de Cuba (hablar de uno es hablar del otro; uno no dice o hace nada al margen
del otro) se han alegrado del regreso del PRI al poder en México, nada más se
han de haber retorcido y chillado como las almejas de mi amigo.
Las repercusiones políticas y diplomáticas
del hecho han de ser de corto, mediano y largo plazo. En lo inmediato, en
México, la opinión de Raúl Castro viene a ser la última cucharada de cemento en
el sepulcro del PAN, el partido cuyo gobierno acabó con una vieja relación de
amistad entre los gobiernos de Cuba y México y provocó el hecho más vergonzoso
en la historia diplomática del país cuando Vicente Fox corrió de Monterrey a
Fidel Castro y en desquite éste lo exhibió después con una grabación que lo
dejó para la historia como el más vulgar barbaján que haya llegado a la
presidencia mexicana.
Las albricias de Raúl Castro por la vuelta
del PRI al poder no pudieron llegar en el momento más oportuno para el
tricolor, cuando inaugura su nuevo gobierno, cuando Enrique Peña Nieto se erige
como el salvador del país después de los desastrosos gobiernos panistas, de la
derecha, y cuando se está en vísperas de elecciones en 14 estados y donde el
PRI pretende y ya adelanta que va a ganar; cuando ha resurgido Marcos y su EZLN
y cuando El Peje se dedica a construir su Morena.
Ya nada más falta que Castro venga a México
a encabezar el 84 aniversario del PRI el próximo 4 de marzo o que de perdis
envíe un video saludando a la raza priista y reiterando su alegría por la
vuelta al poder del tricolor y por la llegada de Peña Nieto a Los Pinos. Y que
los priistas, a coro, canten aquello de “Cuba qué lindo es Cuba, quien la
conoce la quiere más, que lindo es Cuba”.
El tiempo, la historia. Quién habría de
esperarlo y menos de creerlo. Después de eso, a mí para nada me extrañaría que
ahora, en lugar de la estatua del dictador Heydar Aliyev, expresidente de
Azerbaiyán, que fue arrancada del Paseo de la Reforma la madrugada del lunes
ante la protesta general en la Ciudad de México, sea colocada otra, pero de
Fidel Castro.
Me pregunto, y ahora qué. ¿El PRD amenazará
por el hecho romper el Pacto por México? ¿Los de izquierda, los seguidores del
Che, de Fidel, de la Revolución Cubana, continuarán pintarrajeando paredes,
lanzando objetos, gritando consignas e insultos cada vez que pasen frente a una
sede priista? ¿Habrá ahora abacho y becho con los tricolores? ¿O continuarán
retorciéndose y chillando como las almejas chilladoras?
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