Prosa aprisa
Peña Nieto y las Fuerzas Armadas
Arturo Reyes Isidoro
Son hechos aislados, o
aparentemente aislados, pero pareciera que con el nuevo Comandante Supremo de
las Fuerzas Armadas, el país está entrando en una nueva etapa en cuanto al
papel que les toca jugar, o que habrán de jugar en el futuro, por lo menos
durante el presente sexenio, los institutos armados, el Ejército y la Marina, y
las circunstancias han hecho que Veracruz sea el escenario de los primeros
indicios.
Enrique Peña Nieto está innovando
en el quehacer gubernamental, o está volviendo a prácticas de los gobiernos
priistas en el siglo pasado hasta que el panismo les arrebató el poder en el
año 2000. El Ejército y la Marina habían estado en los cuarteles hasta que
Felipe Calderón los sacó a la calle para cumplir tareas de policía y de combate
al crimen organizado, que no es su objetivo.
A mi juicio, su papel ha sido
determinante para garantizar la gobernabilidad del país y con ello la seguridad
de los mexicanos ante la terrible corrupción policiaca que, lamentablemente,
también alcanzó hasta altos mandos verde olivo. Y, claro, en la guerra en la
que los metió Calderón ha habido bajas, decenas, cientos, miles, muchas de
ellas de inocentes como las hay en toda guerra, y entonces el papel del
Ejército y la Marina ha sido y es también controvertido.
Y entonces, a partir del sexenio
pasado, su comandancia de pronto empezó a cobrar notoriedad hasta que logró un
papel destacado, y soldados y marinos, los altos mandos, pasaron a ser actores
no sólo militares y navales sino también políticos: las decisiones en el centro
del país y en los estados se tomaban junto con ellos y a la vista de todos.
En Veracruz, por citar sólo dos
ejemplos, en momentos de grave peligro por las inundaciones causadas por huracanes,
el entonces gobernador Fidel Herrera Beltrán acordó que al frente del operativo
de salvaguarda, coordinando a todas las instancias estatales y federales,
estuviera un comandante de la Marina.
Más recientemente, si bien ya
participaban en la lucha contra el crimen, fue a partir de que el gobernador
Javier Duarte de Ochoa lo solicitó cuando los marinos y soldados tomaron el
control policiaco de las principales ciudades del estado y no son nada raras
las reuniones de trabajo, de coordinación con la autoridad civil, en los
cuarteles.
Pero con el arribo de Peña Nieto
al poder, parece que empiezan a haber modificaciones, tal vez deliberadas que
pudieran ser el principio del retorno, en el futuro, de las Fuerzas Armadas a
los cuarteles.
Cualquiera que tenga curiosidad o
que haya estado atento habrá notado un pequeño gran detalle ocurrido durante la
pasada visita del presidente a Boca del Río para encabezar el acto agrario del
6 de enero: por primera vez en mucho tiempo no hubo un solo militar en el
presídium.
Ha trascendido que los
comandantes militares y navales en Veracruz estaban listos para participar,
pero que la orden del Comandante Supremo fue no, se trata de un acto agrario.
Según, el mexiquense lo hizo por dos motivos en especial: porque ese acto siempre
tiene connotaciones partidistas (eminentemente priista, claro está) y porque a
toda costa quiere cuidar la buena imagen de las instituciones armadas, de tal
forma que quiso poner al Ejército y a la Marina al margen de un acto con signo
partidista, en un terreno neutral, al servicio sólo de México. Rescatar, pues,
la imagen y el decoro de las Fuerzas Armadas.
Pero Peña Nieto vino también en
un momento en que el Ejército está siendo cuestionado por la muerte de cuatro
personas en la ciudad de Córdoba el 28 de diciembre pasado, de quienes se ha
dicho en un principio que eran miembros de la delincuencia organizada pero que
sus familiares y sus vecinos y casi todo el pueblo de Ixhuatlán del Café
aseguran que no, que eran ciudadanos de bien, trabajadores, conocidos.
Los ingredientes del caso pudieran
hacer pensar que se trató de un hecho fortuito: los cuatro hombres habían ido a
comprar refacciones a Córdoba y, de paso, se fueron a un bar. En la noche, tal
vez cuando ya se proponían regresar a su pueblo, atropellaron a un motociclista
y trataron de escapar para huir de la responsabilidad, con tan mala suerte que
pasaron frente a donde soldados reguardaban el cadáver de un delincuente, y
pensando que lo iban a rescatar (esa es la versión oficial que se sostiene) los
uniformados los acribillaron.
Sin duda, tal vez en el afán de
destacar su celo profesional, antes de investigar a fondo los hechos, el
Ejército se apresuró a informar que se trataba de miembros del crimen
organizado que iban a rescatar el cuerpo de un compañero hasta que estalló lo
que ahora es un escándalo de ribete nacional cuando salieron los familiares a
dar su versión.
Llama mucho la atención que esta
vez, un día antes de que llegara el presidente Peña Nieto al estado, el 5 de
enero, peritos de la Procuraduría General de la República viajaron a Córdoba
para inspeccionar e iniciar una investigación. Y llama la atención porque la
PGR es una institución que depende directamente del presidente de la república,
el mismo que es Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.
Pero llama la atención que el
pasado 11 de enero, si bien el comandante de la Sexta Región
Militar, René Carlos Aguilar Páez, enfatizó ante la prensa que las evidencias
apuntan que los cuatro individuos eran integrantes de la delincuencia
organizada, o sea, sostuvo la versión inicial, matizó diciendo que la
Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) apoyará en la investigación y que si
los resultados arrojan que hubo un error, los militares involucrados tendrán
que enfrentar la justicia.
Dijo que la institución entregará la información del suceso a la Comisión Nacional de
Derechos Humanos, y expresó: “A las familias de las personas abatidas en
Córdoba quiero decirles que lo siento mucho, ellos no deberían estar muertos
sino detenidos, pero el personal militar tuvo que responder así a la agresión
para salvaguardar sus propias vidas”.
Las protestas
de los familiares, vecinos y pobladores de Ixhuatlán del Café continuaban ayer.
Quieren que se limpie la imagen de sus fallecidos.
Enrique Peña Nieto escribió y
publicó en su blog el pasado 9 de enero: “El 1o de diciembre, al asumir la
elevada responsabilidad como Presidente de los Estados Unidos
Mexicanos reafirmé que el Estado debe estar al lado de las
víctimas y sus familiares”.
“Hoy, en el Diario Oficial
de la Federación del 9 de enero de 2013, se publicó la Ley General de Víctimas.
La Ley General de Víctimas es el inicio de un modelo jurídico innovador, que
pone a la persona, a su dignidad humana y
a sus derechos inalienables, en el centro de la atención del Estado y de la
Sociedad. La dignidad de una Nación
se refleja en la forma en que se trata a las víctimas de la violencia y el
delito. Como lo he reiterado en varias oportunidades, y hoy lo refrendo, soy un Presidente que estará siempre del lado de las víctimas”.
En Veracruz, se le ha presentado
la oportunidad para demostrar que va en serio. El desenlace del caso no ha de
demorar. Seguramente el presidente querrá poner por encima de todo la justicia,
mostrarse congruente, no repetir los errores del gobierno de Felipe Calderón y
hacer refulgir la que hasta ahora es la joya de la corona de su recién
estrenado gobierno: la Ley General de Víctimas.
Si es así, se ganará el respeto,
la estima y la adhesión de cuatro modestas familias veracruzanas, que si bien
ya no pueden recuperar a sus seres queridos, por lo menos quieren que descansen
en paz sin ninguna mancha ni señalamiento ni para ellos ni para sus
sobrevivientes; se ganará el respeto y la adhesión de todo un pueblo del centro
de Veracruz. Mejor, se ganará la credibilidad de los mexicanos.
Sin duda, nuevos vientos soplan
en el país.
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