Prosa
aprisa
El apoyo de
EU a Veracruz en seguridad
Arturo Reyes Isidoro
Recién había asumido la titularidad de la Secretaría de Seguridad
Pública Arturo Bermúdez Zurita cuando una noche recibió una llamada telefónica
inesperada: era de las oficinas centrales de la Secretaría de Marina-Armada de
México. Le indicaban que en dos horas más, tiempo suficiente para viajar de
Xalapa a Veracruz, se presentara en la comandancia de la zona naval del puerto.
No le dijeron para qué ni le dieron más información.
A Bermúdez le intrigó, por la hora y por la premura. Él había estado
como subsecretario del ramo cuando el titular era el general Sergio López
Esquer. De inmediato se preparó para ir a la cita, no sin antes avisarle a su
esposa que lo acaban de llamar y citar y decirle que si no regresaba que no se
preocupara. Por si las dudas se despidió de ella y le dijo que no sabía qué
pasaría.
Cuando llegó encontró ahí al gobernador Javier Duarte de Ochoa, quien
también tenía poco tiempo en el cargo e igualmente había sido invitado de
última hora a asistir a la reunión. Pronto supieron de qué se trataba el
asunto.
Para su sorpresa se encontraron con toda la plana mayor de la Semar que
había volado desde la ciudad de México, incluidos los responsables de la
dependencia de los programas de seguridad e inteligencia en el país, quienes en
una gran pantalla les presentaron una radiografía completa de la situación que
prevalecía en el estado en materia de seguridad, de acuerdo a toda la
información que poseían, que era mucha, y con referencia a algunos nombres de
funcionarios del sexenio anterior.
Su inquietud desapareció cuando les dijeron que de acuerdo a todo el
mapa informativo que poseían, ellos no estaban involucrados ni había sospechas
de que tuvieron nexos con la delincuencia organizada, y también en pantalla les
presentaron toda la información que tenían de cada uno, que no dejó de
causarles sorpresa. Entonces les platicaron del trabajo que estaban realizando
e iban a realizar en el combate a la delincuencia, pero querían preguntarles y
tener la seguridad de que no variarían su conducta y de que se podía confiar en
ellos porque además le iban a entregar a Veracruz equipo delicado que no podía
estar en malas manos.
Tanto Duarte como Bermúdez respondieron que por supuesto que sí, que su
lealtad era con las instituciones de seguridad, que estaban resueltos a
combatir también decididamente a la delincuencia y que podían confiar
plenamente en ellos.
Desde entonces periódicamente todas las instancias de seguridad en el
estado, tanto federales como estatales, se reúnen, se coordinan, evalúan
trabajos, acuerdan acciones una veces en el centro, otras en el sur o en el
norte, y Veracruz, esto es, tanto Duarte como Bermúdez reciben además de los
apoyos pactados a través de los programas institucionales, también equipamiento
especial que muchas veces viene del país vecino del norte, equipamiento que no
se facilitaría si no se tuviera la certeza de que está en buenas manos.
Ayer la reportera Ángeles González Ceballos dio cuenta que el gobierno
de los Estados Unidos entregó en donación al de Veracruz, a través de la
Secretaría de Seguridad Pública, equipo para capacitación y entrenamiento de
cadetes, esto es, de elementos en formación, como parte del Programa Iniciativa
Mérida.
Tal vez porque no fue tan cuantioso lo que se entregó no hubo acto
especial para recibir el equipamiento y por eso todo se concretó a la descarga
y exhibición del material, pero lo significativo es, a mi juicio, la confianza
que tanto Javier Duarte como Arturo Bermúdez Zurita siguen gozando del Gobierno
Federal y del de los Estados Unidos en materia de política de seguridad, pues
de otra manera no les darían material como el que recibieron ayer, y cuidado
que los gringos son quisquillosos y mantienen sus antenas muy alertas no sólo
con Veracruz sino con todos los estados del país.
Veracruz ciertamente no es el paraíso terrenal en materia de seguridad,
aunque, porque lo palpamos a diario, dista mucho de ser otro Tamaulipas o
Guerrero, lo que no quiere decir que no se den casos de delincuencia e
inseguridad, pero tiene que reconocerse que no vivimos la violencia callejera
de otros estados.
Si se hace crítica al gobierno de Javier Duarte en algunas áreas,
también tiene que reconocerse que en otras si no está funcionando a la
perfección hace esfuerzos por ofrecer los mejores resultados, y la de la
seguridad hoy es una de las áreas más difíciles pero aún así hay resultados,
como periódicamente se da cuenta de enfrentamientos con detención o víctimas
por parte de los delincuentes, pero también de los policías.
El miércoles se tuvo prueba de ello cuando precisamente viudas y
familiares de policías caídos en el cumplimiento de su deber salieron a
manifestarse para protestar porque no les han materializado ofrecimientos que
les hicieron para compensarlos por las pérdidas de sus seres queridos,
cumplidos servidores públicos. Las bajas son prueba indudable de que se está
trabajando, y tiene que reconocerse.
Javier Duarte de Ochoa ha dicho que el mejor y mayor legado que dejará
su gobierno será el de la seguridad. Los resultados que se ofrezcan el próximo
año al concluir su mandato dirá si se cumplió o cuánto se cumplió, pero para mí
es indicativo de que lo está intentando el hecho de que el gobierno
norteamericano le esté dando su voto de confianza enviándole apoyo, equipo que,
lógicamente, no se lo da a los malos.
Eso explicaría también porqué pese a las críticas que recibe Bermúdez
se mantiene en el cargo: porque el Gobierno Federal (la Marina y el Ejército) y
el propio de los Estados Unidos saben que siendo un área tan difícil y
tentadora la suya se mantiene en el lado correcto y no ha transigido en su
responsabilidad.
Y sin embargo, se mueve
Es indudable que el exgobernador Fidel Herrera Beltrán ha logrado de
última hora una posición en las candidaturas a las diputaciones federales
aunque no por su partido, el PRI, sino por el Partido Verde Ecologista de
México (que es casi lo mismo, o de plano lo mismo), en la persona de su pupila
la exalcaldesa del puerto de Veracruz y exdiputada local y federal, Carolina
Gudiño Corro, quien irá como abanderada por Veracruz Rural (Boca del Río).
Sacrificaron al empresario Sergio Pazos, que estaba hasta abajo en las
encuestas en un distrito totalmente controlado por la familia Yunes Linares
Márquez, del PAN, y no se cree que con Carolina el PRI logre derrotar a los
panistas yunistas, aunque sí lo único que resurgirá será el pleito a muerte
entre Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes Linares, que finalmente se
dirimirá en las urnas.
Por lo pronto, hay ya espectáculo mediático asegurado, no será nada
raro que Fidel instale su centro de operaciones en el puerto de Veracruz o en
el mismo Boca del Río, que él a trasmano pero personalmente dirija la campaña
de su pupila y que Miguel Ángel esté preparando ya y aceitando los obuses con
los que lo combatirá. La batalla será de pronóstico reservado.

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