Prosa aprisa
Pepe, su relación con la prensa…
hasta ahora
Arturo Reyes
Isidoro
Uno de los periodistas más críticos, columnista y
analista político, que ha tenido el senador José Francisco Yunes Zorrilla ha
sido Mussio Cárdenas Arellano, paisano, amigo y colega de Coatzacoalcos. Sus
señalamientos contra Pepe, bastante fuertes como es su estilo, los ha hecho en
su columna “Informe Rojo”.
Sin embargo el viernes pasado, cuando se encontraron en
la comida por el santo del senador en el salón Los Alcatraces, en el municipio
de Coatepec, todo “un caballero de la política” –como lo califica Javier Duarte
de Ochoa–, el legislador federal sólo fue atento con él, respetuoso, cordial y
hasta amistoso.
Yunes Zorrilla platicó un buen rato con su crítico.
Intercambiaron opiniones e incluso escuchó atento una de las recomendaciones
que le hizo Mussio: que va en el camino correcto y que no cambie su actitud
crítica y de exigencia de rendición de cuentas de los dineros públicos a
quienes están hoy en el poder.
Acaso hasta pudiera interpretarse ello como una forma de
condicionarle si no su adhesión o apoyo (se supone que si actuamos
profesionalmente quienes hacemos columnismo político no debemos tomar partido
por nadie ni comprometer nuestra independencia de criterio), al menos simpatía
personal y alguna consideración en el trato profesional.
Tal vez es detalle menor, intrascendente, pero lo cito
porque marca la diferencia con el gobernador Javier Duarte en su trato con la
prensa, los dos principales actores políticos del estado que hoy por hoy mantienen
polarizada la atención tanto de la clase política veracruzana como de la
opinión pública en general por sus diferencias públicas, que tienen como
trasfondo la disputa por el poder a partir del relevo ahora bianual el próximo
año.
Ni para decir que porque Javier es joven, porque Pepe
también lo es (se llevan sólo cuatro años de diferencia, Pepe es de 1969 y
tiene 46 años y Duarte 42 porque nació en 1973; qué cosas, ambos son de
septiembre, uno nacido el día 25 y el otro el 19, por lo que el de Perote ya es
Libra y el de Córdoba Virgo –el signo cambia entre los días 22 y 23–, dato que
consigno por si alguien quiere consultar a Walter Mercado o a su astrólogo o
vidente de cabecera sobre qué le deparan los astros a cada uno de los dos).
Claro, habría que esperar a que Pepe estuviera en el
poder y lo tuviera a plenitud para saber si como ronca duerme, porque luego uno
es el aspirante, otro el candidato y otro el gobernante, ya que el poder cambia
a casi todos hasta volverlos unos completos desconocidos. De Duarte ya estamos viendo
y hemos vivido su paso por el poder, por el pinche poder.
Pero hasta en tanto no llegue ese momento –Pepe me diría
que jamás va a cambiar, acaso hasta se molestaría por dudar de su verticalidad,
pero es obligación del periodista, del columnista que busca la verdad. dudar
siempre de todo–, el senador hasta ahora, en efecto, se comporta como todo “un
caballero de la política”, que me hace recordar al gobernador Fernando
Gutiérrez Barrios, quien pese a la fama que le habían creado de que era “duro”
o de “mano dura”, no sólo era tolerante a la crítica sino que incluso tomaba el
teléfono (entonces no habían inventado el móvil o celular) y hablaba y
cabildeaba personalmente con los reporteros (a la sazón no existía el columnismo
como hoy) y con los directivos de los medios, como ahora lo hace Pepe, y ante el
menor signo de agresión a la prensa cesaba fulminantemente al funcionario
responsable, fuera quien fuera, como consta en las hemerotecas por si alguien
quiere investigar. Para la prensa don Fernando se fue como el mejor gobernador
que ha tenido Veracruz.
A mi juicio, uno de los talones de Aquiles que ha tenido
el actual gobierno es su relación, mala relación, con la prensa. Una de las
cosas que le ha faltado y le falta al gobernador son operadores, cabilderos,
publirrelacionistas con experiencia, que conozcan bien el medio y a sus
integrantes, pero además que se comporten con humildad y sencillez, que dejen a
un lado la soberbia o el elitismo y bajen y abran la puerta de par en par y
dispensen un buen trato, el mejor trato personal, a los representantes de los
medios, que no necesariamente todo ha de ser dinero.
(Tengo entendido que sin la necesidad de costosos
asesores del Altiplano, que podrán ser muy especialistas y cobrar una millonada
pero que no conocen la realidad veracruzana, el nuevo coordinador general de
Comunicación Social, Juan Octavio Pavón, en dupla con el secretario particular José
Enrique Ampudia Mello, han diseñado ya una nueva estrategia que en realidad es
muy vieja pero efectiva y que no es otra que hacer acompañar al gobernador
Duarte de Ochoa en sus giras de trabajo por un pool de prensa (de reporteros, fotógrafos y camarógrafos) o de
algún o algunos columnistas como se estiló en otras administraciones estatales,
como se continúa haciendo en la Presidencia de la República y como debió ser
desde un principio en el actual gobierno para establecer cercanía con la prensa
y que la sociedad veracruzana vea y sepa que el león no es como lo pintan).
A su trato personal y cercano con la prensa (el fin de
semana pasado llegaron a mi correo dos fotografías donde se le ve en La
Parroquia de Veracruz platicando con y escuchando muy de cerca a Maryjose
Gamboa), Pepe Yunes suma a amigos y simpatizantes que al lado de él o por su
amistad y adhesión con él cabildean con la prensa, con los columnistas
políticos, con los directivos, y le propician acercamientos, le suman. Lo del
viernes no fue tarea de un solo hombre, sino la suma de varias voluntades.
Ese día quedó de manifiesto cómo juega con los suyos como
un buen equipo, como los Tiburones Rojos que golearon a las soberbias, altivas,
Águilas del América, además porque tiene equipo. Yunes Zorrilla no los hace
quedar mal. Dirige, hace planteamientos en el pizarrón, pero también baja a la
cancha, se pone el jersey, se calza los botines, se suma a la delantera y se la
rifa. Ahí está una clave del éxito que va teniendo hasta ahora.
Pero suma otra virtud política. Escucha. Sabe escuchar.
Se comporta con humildad. Pregunta, consulta, pide opinión, escucha consejos,
orientaciones, críticas (el viernes por la tarde escuchó atento a Armando
Ortiz, quien le pidió que no deje que nadie lo convenza y lo lleve a negociar a
la Casa Veracruz).
Insisto, esa es la persona y la personalidad que
conocemos hasta ahora. Por tantos años de trato con él nada nos diría que sería
diferente si llegara al poder, pero mejor hay que esperar a que llegue a la
preciada silla.
Mientras tanto nada mejor sería para él que ir
endureciendo más la piel y blindarse contra la intolerancia. Por como es como
político, recto, honesto, justo, lleva ya un buen tanto ganado a la crítica,
porque será menos cuestionado, pero será mejor si entiende desde ya –por si no
lo tiene entendido– que pretender la unanimidad absoluta sólo es propio de las
dictaduras, y que la diversidad, la crítica, el punto de vista diferente y hasta
discordante serán los mejores elementos para un gobierno como pretende si llega
a encabezarlo: transparente, apegado a la ley, sin impunidad y de pleno
servicio a la sociedad, a sus intereses, por encima de cualquier interés
personal, familiar o de grupo.


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