Prosa aprisa
¿El problema es de hombres?
Arturo Reyes Isidoro
Si los proveedores del Gobierno del Estado y los prestadores de
servicios a los que se les adeuda 1,500 millones de pesos (esa cifra han
manejado ellos en diversas declaraciones de prensa), en algunos casos desde
2011, quieren acceder de inmediato con el nuevo secretario de Finanzas y
Planeación, Antonio “Toño” Gómez Pelegrín, para tratarle su caso, deben llegar
con una serie completa de billetes de la Lotería Nacional por delante, de
preferencia de un premio gordo, de Sorteo Magno.
Jugar para ver si se saca la lotería y se gana los centenarios es el
mayor hobby ¿o debilidad? del nuevo
flamante funcionario, quien, por ejemplo, el 10 de Mayo, el 16 de Septiembre o
el 25 de Diciembre juega fuerte pues compra series completas. Pero ahora parece
que se acaba de sacar un premio ¡sin haber siquiera comprado un cachito!, ¿o
acaso se ganó la rifa del tigre?
Acaso ayer Javier Duarte de Ochoa puso sobre la mesa su último as, el
que lo puede poner a salvo de un futuro muy complicado que tiene por delante
debido al manejo, o mal manejo, de los recursos públicos por parte de su
administración. El jueves pasado, en una segunda comida con columnistas, ésta
en la Casa Veracruz, adelantó que el nuevo titular de la Sefiplan sería un
hombre con experiencia, de mano fuerte para aplicar políticas económicas
restrictivas, de ajuste y contención del gasto público, y que contara además
con el visto bueno de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Ayer supimos
quién cubrió esos requisitos.
¿El problema de la Secretaría de Finanzas y Planeación es de hombres?
En promedio va ya más de un titular por año. Todavía no se cumplen cinco años
de gestión y se nombró ayer al sexto secretario, incluyendo uno encargado
(Tomás Ruiz González, Salvador Manzur Díaz, Carlos Aguirre Morales, Fernando
Charleston Hernández, Mauricio Audirac Murillo y ahora Gómez Pelegrín). ¿Es que
acaso cada uno y todos en conjunto fallaron y no fueron capaces de sacar al
buey de la barranca?
En realidad, aunque sin tratar de justificar a ninguno, cada uno y
todos han cargado con una pesada herencia: una deuda inicial de 25 mil millones
de pesos que dejó la administración del gobernador Fidel Herrera Beltrán, que
en parte para tratar de administrarla, que no de pagarla, se incrementó con más
deuda contraída al grado que oficialmente hoy se reconoce que anda en los 41
mil millones de pesos, aunque los críticos del gobierno, la oposición oposición
y uno que otro diputado del PRI manejan una cifra mínima de 80 mil millones de
pesos y hasta de más de 100 mil millones por los diversos pendientes que se
tienen con particulares.
De todos, el de mayor experiencia que llegó al cargo fue Tomás Ruiz,
con fama bien ganada de bombero para casos difíciles, casi imposibles, como lo
demostró cuando por encargo del entonces presidente Vicente Fox se hizo cargo
de la Lotería Nacional y logró cuadrar las cuentas y malos manejos que, según
denunció en aquel tiempo la prensa, comprometían seriamente a la “señora
Martha” (Sahagún de Fox).
Aquí he narrado ya la versión de que Tomás hizo en Veracruz un trabajo
de excelencia económica y financiera. Se puso el overol, limpió y cuadró todo y
puso el carro de Finanzas sobre rieles como para que transitara por buen rumbo
y llegara con éxito a la meta sexenal. Hasta que se lo descarrilaron. “¡Yo no
voy a ir a la cárcel por ustedes!”, habría sido la frase con la que inició su
salida de la dependencia y del gobierno. Ya para entonces la deuda había
crecido 5 mil millones de pesos más.
En realidad quienes lo sucedieron llegaron para administrar las deudas,
la escasez de recursos y la pobreza de las arcas públicas, en medio del reclamo
de proveedores y prestadores de servicios, pero también de maestros,
trabajadores, estudiantes, etc., quienes se han venido quejando de que de plano
no les pagan o no les pagan a tiempo sueldos y prestaciones, becas y otros
apoyos. De la gravedad de la situación habla el hecho de que dos funcionarios
de la Sefiplan tuvieron que renunciar porque se afectó su salud: Fernando Charleston
Hernández y Sergio de la Llave Migoni, este último como Subsecretario, cargo en
el que apenas duró 73 días –abril-junio de 2014– porque su médico le dijo que
se fuera cuanto antes pues la tensión y la presión ya le habían afectado
algunas funciones motoras.
A la difícil situación que ya se vivía se sumó un golpe demoledor, al
menos mediáticamente, cuando la Auditoría Superior de la Federación (ASF) dio a
conocer el resultado de la Cuenta Pública 2013 y entonces se supo que existen
serios cuestionamientos al manejo de los fondos públicos federales entregados a
la administración estatal, pero también se filtró que hubo irregularidades en
el manejo de recursos al menos de los años 2011 y 2012 y que por ello hay
denuncias penales ante la Procuraduría General de la República en contra de
funcionarios y exfuncionarios.
En ese entorno llegó ayer a la Sefiplan como titular Toño Gómez
Pelegrín, cuya primera y última y acaso única tarea será apagar la licuadora
(“cuenta concentradora” le llaman en lenguaje económico burocrático oficial) y
empezar a separar lo más cuidadosamente posible que pueda, con una cuchara
larga, lo que quede de los tomates, la cebolla, los chiles, el ajo, los trate
de rearmar y los ponga en su lugar, pues de acuerdo a lo que declaró el gobernador
Javier Duarte de Ochoa el 19 de febrero pasado como reacción a las
observaciones de la ASF, no ha habido mal manejo de recursos sino que todo
“tiene que ver con cuentas en donde teníamos que haber depositado estos
recursos y se hicieron en otras”. Toño necesita entonces o agradecerá que
aparte de series de billetes de lotería le regalen también una potente lupa
para buscar y seguir las huellas con el propósito de saber a qué cuentas
equivocadas fue a parar el dinero, ya sea para devolverlo, o aplicarlo si es
que todavía se puede, o en última instancia para comprobar que, en efecto, no
se hizo mal uso de él y ahí está.
Menuda tarea tiene Gómez Pelegrín. Ayer se ha de haber despedido de su
familia por mucho tiempo, acaso para regresar a dormir hasta la noche del 30 de
noviembre de 2016 pues tiene que limpiar y cuadrar todo, lo mismo que hizo
Tomás aunque ahora con más y mayor grado de dificultad. Quién sabe si estará
consciente del peso de la loza que se echó encima, pues de lo que haga o deje
de hacer dependerá el futuro político y personal de varios funcionarios y
exfuncionarios que han tenido que ver directa e indirectamente con el manejo de
recursos públicos, pues tanto José Francisco Yunes Zorrilla como Miguel Ángel
Yunes Linares, qué cosas, uno del propio PRI y el otro del PAN, estarán al
acecho, si no es que ya lo están.
Qué cosas también. La administración empezó con puro fidelista y está
concluyendo con alemanistas: Flavino Ríos Alvarado, Ramón Ferrari Pardiño,
Ricardo García Guzmán, Tomás Ruiz González y ahora Antonio Gómez Pelegrín. ¿Es
que acaso el exgobernador Miguel Alemán Velasco decidió hacer uso de sus buenos
oficios ante la Federación y echarle una manita al gobernador Duarte para
mantener a flote y salvar el barco?
¿Qué irá a pasar ahora con las 200 personas con las que llegó Audirac a
la Sefiplan, algunas por cierto para maltratar al personal hasta el grado de la
humillación? Ayer por la tarde noche el personal de la dependencia hizo fiesta.

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