Prosa aprisa
El magisterio veracruzano vive ya su glásnot
Arturo Reyes Isidoro
Aparentemente, por ahora, la toma ayer de las sedes
de las secciones 32 y 56 del Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) se limita a un conflicto
interno sindical magisterial.
En verdad, lo
que estamos viviendo es el inicio ya de una verdadera revolución en el seno de
esa todavía poderosa organización, que quién sabe hasta dónde va a llegar y en
qué va a terminar.
Con mucha claridad y visión, tanto por su experiencia
como maestra como también por su larga militancia en el activismo de la
izquierda mexicana, la presidenta del Comité Ejecutivo Estatal de MORENA en
Veracruz, Gloria Sánchez Hernández, vaticinó lo que ya se empieza a dar: los
primeros pasos para la democratización de los sindicatos magisteriales.
El pasado 19 de septiembre, la respetable y honesta
maestra, ya jubilada, consideró que el movimiento magisterial contra la reforma
educativa es el despertar de los profesores. En declaraciones a la reportera
Alicia Aguilar Guevara, del portal alcalorpolitico.com,
dijo:
“La situación de los sindicatos es grave porque hay
mucha antidemocracia al interior; son pocos, contados, los sindicatos que son
democráticos y el corporativismo es muy fuerte. La disidencia más notoria a
nivel nacional en el SNTE es la CNTE que se ha radicalizado porque es
insoportable la situación adentro y afuera”.
El tema ofrece varios ángulos de análisis que no se
pueden desasociar.
Aunque por otras causas, la primera que se opuso a
la reforma educativa fue la otrora poderosa dueña del SNTE, Elba Esther
Gordillo. Se oponía porque se afectaban sus intereses, su cacicazgo, sus
privilegios, su poderío, sus pillerías.
El régimen pensó que sometiéndola y poniéndola a
buen recaudo en la cárcel la reforma iría sobre ruedas, como aparentemente iba
pues nadie chistó en el país cuando la iniciativa pasó la aprobación en las
legislaturas de todos los estados de la república.
La inconformidad se detonó cuando se conocieron las
leyes secundarias, esto es, la normatividad que regiría y los mecanismos que se
aplicarían para materializar la reforma. Llama la atención que si bien el
primer brote de inconformidad surgió en el seno de la CNTE, en la Sección 22 de
Oaxaca, de por sí aguerrida y radicalizada, el movimiento se fue extendiendo a
varias entidades del país incluyendo a Veracruz.
Llama la atención también porque aparte de Oaxaca, mientras
que en otros estados conflictivos como Chiapas, Guerrero y Michoacán de hecho
los maestros volvieron ya al aula y ha vuelto la normalidad, en nuestro estado
la inconformidad persiste, si bien también la mayoría de los maestros está
trabajando.
Pero el germen está vivo, más que vivo y con una
señal que para el statu quo dominante político y magisterial debiera ser ya motivo
de alarma: ha prendido entre los estudiantes normalistas, los maestros del
mañana, a quienes en un ejemplar acto de solidaridad y seguramente también por
su convicción acompañan sus maestros.
Seguramente en el Gobierno federal saben o creen que Elba Esther Gordillo está utilizando la fuerza que dejó entre los
maestros adictos a ella por los favores que les hizo, para avivar el fuego de
la inconformidad en venganza por lo que le hicieron, y por eso decidieron
quitarle toda capacidad de maniobra, de ahí que aparentemente en forma
inexplicable hayan obligado a su hija la senadora Mónica Arriola Gordillo a
“renunciar voluntariamente” a la secretaría general del Partido Nueva Alianza.
En el caso de Veracruz, hasta hace relativamente
poco era impensable que algún maestro se atreviera no sólo a rebelarse a sus
líderes sino menos a intentar tomar su sede sindical. Las dos cosas la hicieron
ya con éxito y ahora, según han anunciado, se disponen a destituir a los
dirigentes, a algunos de los cuales sacaron a empujones de un hotel en Orizaba
y los hicieron caminar con ellos en medio de insultos.
Otra singularidad es que por primera vez en forma
abierta la Iglesia católica no sólo no ha condenado a los disidentes sino que a
través del vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Juan Sánchez Jácome, pide
que se les escuche ya que ven amenazados sus derechos.
Los disidentes mantienen tomadas ahora las sedes
sindicales. Ya lo habían hecho antes y cuando los aliados a la dirigencia
sindical intentaron rescatar los inmuebles, fueron repelidos. No se ve ahora
cómo lo van a lograr si no es a costa de un enfrentamiento con el saldo
sangriento que ello puede dejar.
En realidad, creo que al fin se va a empezar por el
principio, como debió haber ocurrido desde el primer momento. En el caso de
Veracruz, la sociedad no tiene por qué pagar con bloqueos por una reforma que
permitieron los dirigentes sindicales, muchos de ellos diputados locales y
federales, comisionados además.
Pero los mismos que ahora protestan y se rebelan son
los mismos que en asambleas espurias, de falsa democracia, los han “elegido” y
legitimado e incluso ellos mismos son los que han ido a votar por sus
“compañeros” que ahora como legisladores
aprobaron la reforma. A ellos se les debe reclamar, a ellos se les debe pedir
cuentas, explicaciones.
Hasta dónde va llegar todo esto y en qué va a
terminar, no se sabe; lo que sí puede darse por hecho es que estos Callejas
(padre, hijo y su tío padre de su hermano) todavía aferrados a la dirigencia
sindical serán los últimos Callejas que le presten servicios al régimen
político al que han servido, pues ya los alcanzó la glásnot magisterial
veracruzana.
Y tanto el régimen federal como el gobierno local
deberán ir pensando en nuevas formas de control magisterial que les sigan
sirviendo de sustento, pues los maestros, hasta ahora que se ha dado esta
rebelión que devendrá en una revolución, manipulables hasta que han querido,
son activos pensantes y será difícil, por no decir que imposible, que quieran
regresar al sometimiento en que han vivido.
Ya se dieron cuenta de que pueden salir a la calle a
defender sus derechos, los que consideran afectados; ya se dieron cuenta que
unidos son una fuerza considerable; ya
se dieron cuenta que pueden romper las ataduras que los han mantenido sumisos;
ya se han dado cuenta que pueden sacudirse a sus mal dirigentes; ya se han dado
cuenta que pueden recuperar lo que es su patrimonio, los edificios sindicales
parte de ello; ya se dieron cuenta que pueden concitar la adhesión de otros
sectores tan poderosos como la Iglesia; ya se dieron cuenta que, si se lo
proponen y si se deciden, pueden fundar verdaderamente la democracia sindical,
no la del discurso demagógico.
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