lunes, 30 de septiembre de 2013

Lección a los fenicios del deporte

Prosa aprisa
Lección a los fenicios del deporte
Arturo Reyes Isidoro
El 20 de septiembre, con el encabezado “Atraco de directivos de los Tiburones”, comenté el abuso y la voracidad económica de los dueños del equipo de futbol Tiburones Rojos de Veracruz, que en forma por demás arbitraria incrementaron los precios para ver el partido contra las Águilas del América, el sábado pasado, ¡en 400 por ciento!
Aporté datos para comparar precios y dije cómo ir a ver al mediocre equipo del puerto  costaba más que ir a ver un juego del Real Madrid en Europa y que sólo era menos caro que ver un partido en el Reino Unido, el más caro del mundo para ver un juego de futbol.
Rescato los párrafos de lo que consigné entonces:
“Ya no extraña pero no deja de indignar la total pasividad de las autoridades municipales del puerto de Veracruz y de Boca del Río, que permiten que los dueños de los Tiburones abusen y roben a los aficionados, sus representados que, en ese sentido, están ante la total indefensión”.
“Pero, igual, indigna que ni uno solo de los diputados, ni locales ni federales, ni los locales electos, haya alzado la voz para protestar y para defender a quienes fueron a votar por ellos bajo la promesa de que los iban a bien representar y a defender sus intereses. Guardan silencio cómplice”.
Destaqué entonces que el único que había intentado parar el abuso había sido el delegado de la Profeco, Inocencio Yañez Vicencio, quien mandó sellar las taquillas y amenazó con una fuerte multa, pero más tardó en actuar que en que lo pararan en seco y al final sólo hizo el ridículo pues quedó como una autoridad de paja, y ahora a ver con qué cara sanciona otra infracción, por lo que con toda dignidad debió haber renunciado al cargo de inmediato.
Rematé ése comentario: “Los aficionados tienen la palabra. Los maestros disidentes ya les están mostrando la fuerza que pueden tener si se unen. Allá ellos si se dejan y permiten que los esquilmen”.
Pues miles se unieron, no se dejaron y decidieron darle una lección al señor Fidel Kuri, dueño del club, quien ante la reacción de la Profeco amenazó con que jugarían el partido a puertas cerradas, se salió con la suya de cobrar lo que quiso, pero en respuesta los aficionados no cayeron en su chantaje, le dieron la espalda y no se dejaron que los esquilmaran.
“La afición veracruzana protestó a su manera”, se publicó en el suplemento deportivo “Cancha” del diario Reforma, señalando que “la respuesta estuvo en las tribunas, no hubo lleno”, “Se notaron varios huecos en la parte alta y en la zona baja donde las entradas se vendieron hasta en tres mil pesos”; “Incluso la reventa tampoco quería quedarse con el boletaje que había acaparado y apenas le aumentaban 50 pesos o de plano los vendían al costo, porque en este partido no hubo modo de hacer negocio”.
También en el programa deportivo nocturno dominical de Televisa fueron motivo de comentario las gradas semivacías y lo atribuyeron al aumento en el costo de los boletos. Las fotografías que se publicaron del estadio son elocuentes, y el diario Notiver publicó que apenas asistieron 17 mil 204 aficionados, casi la mitad del cupo, “que en su mayoría apoyaban al equipo visitante”.
En otras temporadas, durante un buen tiempo fui asiduo a los partidos de futbol de los Tiburones Rojos y pude comprobar cómo el estadio se colmaba cuando venían a jugar las Águilas y cómo decenas y decenas de aficionados se quedaban afuera por falta de cupo e incluso estaban dispuestos a pagar el precio de reventa de los boletos, pero no se llegaba a tanto abuso.
Lo que ha pasado esta vez es claro reflejo de que las personas ya no están dispuestas a dejarse y menos a dejar que abusen o traten de abusar de ellas, menos de su economía. Fue como un grito de protesta de ¡ya basta! y abre el camino para actuar en otros casos de abusos como los que cometen Telcel, Megacable, Nextel y otras empresas.
Parece que ante la inacción de las autoridades, la sociedad está aprendiendo a defender sus intereses por sí sola, lo que debiera llamar la atención y ser motivo de preocupación en el sector oficial, pues ello significa pérdida de poder, de influencia y de confianza.
Ya veremos si la próxima vez los dueños del equipo de futbol tratan de abusar de nuevo con precios exorbitantes. Su codicia y ambición hizo a que se dieran un tiro en un pie: ahí les quedaron las cervezas, los refrescos, las tortas, las botanas y toda la chatarra que venden dentro del estadio, también a precios de escándalo. Merecido lo tienen.
Ante la mediocridad del equipo, que lleva ya ocho fechas sin ganar, incluso debieran bajar el costo de los boletos por debajo de su precio normal, pues en una de esas será común que las gradas, palcos y preferentes luzcan semivacíos, como ya ha ocurrido con otros partidos, claro, a menos que regalen boletos en las colonias populares tanto del puerto como de Boca del Río.
Y ¡ay! también de las autoridades si no toman la iniciativa, defienden los intereses populares, frenan los abusos, sancionan a los fenicios del deporte, de los espectáculos y de los servicios en general, pues ya la sociedad les está diciendo muy claramente que con ellas o sin ellas tiene la capacidad de respuesta para hacer y hacerse justicia, para hacer valer sus derechos, para castigar a los infractores, y de ahí a la indiferencia por todo lo que huela a Gobierno, a autoridad, a lo oficial, sólo hay un paso muy corto. Los porteños esta vez ya lo dieron y probaron y demostraron que sí se puede.
El 29 de septiembre, Pablo Jair Ortega publicó en su “Columna sin nombre”, a propósito de las protestas por la reforma educativa, que un grupo de docentes locales le platicó que se les había salido de control el movimiento ante la llegada de grupos radicales de la CNTE al estado.
Apuntó: “La razón de la presencia de estos grupos se debe principalmente a que los maestros veracruzanos ‘siempre han sido borregos’, es decir, han estado del lado del sistema en la operación electoral, en las campañas políticas, en las movilizaciones masivas como los desfiles, etc. Nunca les había tocado un escenario real de protesta contra el gobierno”.
Agregó: “A consulta de este columnista, la fuente subraya y reafirma que la presencia de gente de otros estados no es de ‘apoyo’, sino que es porque nunca en su vida el magisterio veracruzano había realizado una protesta y no tenían ni idea de cómo realizar alguna. Vinieron a ‘asesorarlos’ cómo se debe realizar una manifestación: qué lugares tomar, el tipo de movilizaciones, a quién debe ir dirigido los planes de acción, urgir en la búsqueda de apoyos fáciles de influenciar como estudiantes, buscar el respaldo de fósiles de izquierda extrema, descreditar a la prensa que no los alaba, etc.”.
Es válido insistir: si desde el Gobierno no se actúa a favor de los intereses ciudadanos, las autoridades serán rebasadas. Los maestros ya se atrevieron, ya aprendieron, ya no se les podrá manipular como hasta antes de agosto cuando inició su rebelión. Y ya vimos como atrás de ellos han ido otros grupos, como los cañeros, como los habitantes de la Sierra de Zongolica y, ahora, como los aficionados al futbol de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río: están dispuestos a defender sus derechos, desafiando a las mismas autoridades.




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