Prosa aprisa
Lección a los fenicios del deporte
Arturo Reyes Isidoro
El 20 de septiembre, con el
encabezado “Atraco de directivos de los Tiburones”, comenté el abuso y la
voracidad económica de los dueños del equipo de futbol Tiburones Rojos de
Veracruz, que en forma por demás arbitraria incrementaron los precios para ver
el partido contra las Águilas del América, el sábado pasado, ¡en 400 por
ciento!
Aporté datos para comparar
precios y dije cómo ir a ver al mediocre equipo del puerto costaba más que ir a ver un juego del Real
Madrid en Europa y que sólo era menos caro que ver un partido en el Reino
Unido, el más caro del mundo para ver un juego de futbol.
Rescato los párrafos de lo que
consigné entonces:
“Ya no extraña pero no deja de
indignar la total pasividad de las autoridades municipales del puerto de
Veracruz y de Boca del Río, que permiten que los dueños de los Tiburones abusen
y roben a los aficionados, sus representados que, en ese sentido, están ante la
total indefensión”.
“Pero, igual, indigna que ni uno
solo de los diputados, ni locales ni federales, ni los locales electos, haya
alzado la voz para protestar y para defender a quienes fueron a votar por ellos
bajo la promesa de que los iban a bien representar y a defender sus intereses.
Guardan silencio cómplice”.
Destaqué entonces que el único
que había intentado parar el abuso había sido el delegado de la Profeco,
Inocencio Yañez Vicencio, quien mandó sellar las taquillas y amenazó con una
fuerte multa, pero más tardó en actuar que en que lo pararan en seco y al final
sólo hizo el ridículo pues quedó como una autoridad de paja, y ahora a ver con
qué cara sanciona otra infracción, por lo que con toda dignidad debió haber
renunciado al cargo de inmediato.
Rematé ése comentario: “Los
aficionados tienen la palabra. Los maestros disidentes ya les están mostrando
la fuerza que pueden tener si se unen. Allá ellos si se dejan y permiten que
los esquilmen”.
Pues miles se unieron, no se
dejaron y decidieron darle una lección al señor Fidel Kuri, dueño del club,
quien ante la reacción de la Profeco amenazó con que jugarían el partido a
puertas cerradas, se salió con la suya de cobrar lo que quiso, pero en
respuesta los aficionados no cayeron en su chantaje, le dieron la espalda y no
se dejaron que los esquilmaran.
“La afición veracruzana protestó
a su manera”, se publicó en el suplemento deportivo “Cancha” del diario Reforma, señalando que “la respuesta
estuvo en las tribunas, no hubo lleno”, “Se notaron varios huecos en la parte
alta y en la zona baja donde las entradas se vendieron hasta en tres mil
pesos”; “Incluso la reventa tampoco quería quedarse con el boletaje que había
acaparado y apenas le aumentaban 50 pesos o de plano los vendían al costo,
porque en este partido no hubo modo de hacer negocio”.
También en el programa deportivo
nocturno dominical de Televisa fueron motivo de comentario las gradas
semivacías y lo atribuyeron al aumento en el costo de los boletos. Las
fotografías que se publicaron del estadio son elocuentes, y el diario Notiver publicó que apenas asistieron 17
mil 204 aficionados, casi la mitad del cupo, “que en su mayoría apoyaban al equipo
visitante”.
En otras temporadas, durante un
buen tiempo fui asiduo a los partidos de futbol de los Tiburones Rojos y pude
comprobar cómo el estadio se colmaba cuando venían a jugar las Águilas y cómo
decenas y decenas de aficionados se quedaban afuera por falta de cupo e incluso
estaban dispuestos a pagar el precio de reventa de los boletos, pero no se
llegaba a tanto abuso.
Lo que ha pasado esta vez es
claro reflejo de que las personas ya no están dispuestas a dejarse y menos a
dejar que abusen o traten de abusar de ellas, menos de su economía. Fue como un
grito de protesta de ¡ya basta! y abre el camino para actuar en otros casos de
abusos como los que cometen Telcel, Megacable, Nextel y otras empresas.
Parece que ante la inacción de
las autoridades, la sociedad está aprendiendo a defender sus intereses por sí
sola, lo que debiera llamar la atención y ser motivo de preocupación en el
sector oficial, pues ello significa pérdida de poder, de influencia y de
confianza.
Ya veremos si la próxima vez los
dueños del equipo de futbol tratan de abusar de nuevo con precios exorbitantes.
Su codicia y ambición hizo a que se dieran un tiro en un pie: ahí les quedaron
las cervezas, los refrescos, las tortas, las botanas y toda la chatarra que
venden dentro del estadio, también a precios de escándalo. Merecido lo tienen.
Ante la mediocridad del equipo, que
lleva ya ocho fechas sin ganar, incluso debieran bajar el costo de los boletos
por debajo de su precio normal, pues en una de esas será común que las gradas,
palcos y preferentes luzcan semivacíos, como ya ha ocurrido con otros partidos,
claro, a menos que regalen boletos en las colonias populares tanto del puerto
como de Boca del Río.
Y ¡ay! también de las autoridades
si no toman la iniciativa, defienden los intereses populares, frenan los
abusos, sancionan a los fenicios del deporte, de los espectáculos y de los
servicios en general, pues ya la sociedad les está diciendo muy claramente que
con ellas o sin ellas tiene la capacidad de respuesta para hacer y hacerse
justicia, para hacer valer sus derechos, para castigar a los infractores, y de
ahí a la indiferencia por todo lo que huela a Gobierno, a autoridad, a lo oficial,
sólo hay un paso muy corto. Los porteños esta vez ya lo dieron y probaron y
demostraron que sí se puede.
El 29 de septiembre, Pablo Jair
Ortega publicó en su “Columna sin nombre”, a propósito de las protestas por la
reforma educativa, que un grupo de docentes locales le platicó que se les había
salido de control el movimiento ante la llegada de grupos radicales de la CNTE
al estado.
Apuntó: “La razón de la presencia de estos grupos se
debe principalmente a que los maestros veracruzanos ‘siempre han sido borregos’,
es decir, han estado del lado del sistema en la operación electoral, en las
campañas políticas, en las movilizaciones masivas como los desfiles, etc. Nunca
les había tocado un escenario real de protesta contra el gobierno”.
Agregó: “A consulta de este columnista, la
fuente subraya y reafirma que la presencia de gente de otros estados no es de
‘apoyo’, sino que es porque nunca en su vida el magisterio veracruzano había
realizado una protesta y no tenían ni idea de cómo realizar alguna. Vinieron a
‘asesorarlos’ cómo se debe realizar una manifestación: qué lugares tomar, el
tipo de movilizaciones, a quién debe ir dirigido los planes de acción, urgir en
la búsqueda de apoyos fáciles de influenciar como estudiantes, buscar el
respaldo de fósiles de izquierda extrema, descreditar a la prensa que no los
alaba, etc.”.
Es válido insistir: si desde el Gobierno no
se actúa a favor de los intereses ciudadanos, las autoridades serán rebasadas.
Los maestros ya se atrevieron, ya aprendieron, ya no se les podrá manipular
como hasta antes de agosto cuando inició su rebelión. Y ya vimos como atrás de
ellos han ido otros grupos, como los cañeros, como los habitantes de la Sierra
de Zongolica y, ahora, como los aficionados al futbol de la zona conurbada
Veracruz-Boca del Río: están dispuestos a defender sus derechos, desafiando a
las mismas autoridades.
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