Prosa aprisa
Se promulgan las leyes secundarias
Arturo Reyes Isidoro
Publiqué ayer: “Al tiempo que
dialogan en Gobernación, los inconformes juegan también un pulso con el
Gobierno y las posiciones están ya muy definidas y encontradas. El presidente
Enrique Peña Nieto ha sido ya muy claro y preciso: no hay marcha atrás en la
reforma, mientras que los maestros disidentes insisten en que se anule y
anuncian más movilizaciones y bloqueos”.
Ante el anuncio de una megamarcha
para este miércoles y un supuesto paro nacional, ayer en el portal del diario Reforma se anunció que Peña prevé
promulgar este martes las tres leyes secundarias de la reforma educativa en un
acto que tendrá lugar en la residencia oficial de Los Pinos, al que acudirán
los líderes o representantes de los principales partidos políticos: PAN, PRI y
PRD, la derecha, pues, el centro y la izquierda.
Al promulgarse, se publicarán
formalmente a fin de que sean cumplidas y hechas cumplir como obligatorias. El
pulso, el juego a las vencidas parece llegar a su final. Lo preocupante es la
reacción que pudieran tener los docentes inconformes o sus líderes. Ya me
imagino el estado de alerta en que deben estar desde ayer las fuerzas de
seguridad y las armadas en todo el país.
“Si el Papa ayunó y oró el sábado por la
paz en Siria, Medio Oriente y el mundo entero, creo que es momento de que
nosotros lo hagamos, también por la paz en el país”, rematé la columna de ayer.
Hasta que no vuelva toda a la normalidad tenemos que hacerlo.
Pero también comenté ayer acerca de los
mensajes del Presidente y del Ejército sobre su decisión y determinación de
efectuar la ceremonia del Grito la noche del 15 en el Zócalo de la Ciudad de
México, ahora ocupada por los miembros de la Coordinadora Nacional de los
Trabajadores de la Educación (CNTE), así como el tradicional desfile del 16.
El periodista Jacobo Zabludovsky en su
columna “Bucareli” que publica en el diario El
Universal se ocupó del tema también ayer. “La historia –dijo– enseña el
grado de importancia de algunos símbolos capaces de definir la suerte de una
guerra… En 1810 el cura Hidalgo sonó la campana de su parroquia… y desde
entonces su bronce convoca a la fiesta, anuncio de libertad, de independencia,
de soberanía y, en fin, de paz”.
En forma preocupante, apuntó: “Habrá de
verse si el próximo domingo en la noche replica o dobla, sobre todo si se
considera que al día siguiente, debajo y enfrente de ella, debe desfilar el
Ejército en un día que la tradición le tiene reservado al despliegue militar en
el Zócalo hoy intransitable”.
Expresé ayer que una declaración de Peña
Nieto de que se celebrará el Grito la noche del 15 no podría interpretarse más
que como “o desocupan el Zócalo o los vamos a desalojar”, y que: “El sábado
mismo hubo otro signo inequívoco de que si el lunes 16 los docentes intentan
desquiciar la Ciudad de México e impedir el desfile, las Fuerzas Armadas van a
pasar sobre ellos”. Recordé que en el 68 Díaz Ordaz se había cerrado al diálogo
y había respondido con la fuerza, con el Ejército, pero que Peña mantiene abierta
una mesa de negociación.
Jacobo lo dijo con otras palabras: “El
tañer de la campana se puede trasladar a Dolores, su lugar de origen; ya se ha
hecho, pero el desfile no, no hay antecedentes y no es probable que el Ejército
acepte cambiar la ruta habitual. Los militares respetan sus propios protocolos…
hoy estamos a una semana del acostumbrado paso de las tropas. Sería un poco
ridículo dramatizar las opciones para librar el espacio: Una, la deseable, es
la del diálogo, porque hablando se entiende la gente. La otra es la del desalojo
violento”.
El remate a su columna no deja de ser
preocupante, por las heridas que dejará el desenlace de la confrontación: “No
sabemos qué pasará en el Zócalo el próximo fin de semana, pero es un hecho que
la campana no sonará igual para todos”. Lamentablemente.
Creo ahora que lo ideal sería masificar el
contenido en especial de la Ley del Servicio Profesional Docente, un texto
–creo yo– del que todo el mundo habla, como de Don Quijote de la Mancha, pero muy pocos han leído, ni siquiera los
puntos principales. Su conocimiento sería necesario no sólo para acabar con
tanta desinformación que hay al respecto, que creo que fue lo que originó en
mucho todo el problema, lo que acusa una gran falla del Gobierno, sino para
vigilar que se cumpla lo que dispone.
Por ejemplo, a mí no me parece nada mal que
se acaben los “comisionados”, que cobran sin dar clases y cobran otro sueldo,
normalmente jugoso, en alguna dependencia oficial donde muchas veces tampoco
hacen nada protegidos y solapados por sus dirigentes, las Gordillos, los
Callejas.
Ahora se establece que las personas que
decidan aceptar un empleo, cargo o comisión que les impida realizar la función
magisterial, deberán separarse del Servicio Docente sin goce de sueldo.
Actualmente algunos gobernadores, senadores, diputados, alcaldes y dirigentes
partidistas cobran en los cargos que ocupan pero también están “comisionados”
por influencias de sus sindicatos y cobran como maestros sin pararse jamás ante
un grupo.
Como tampoco me parece mal que por ley se
prohíban las cuotas escolares que condicionan ahora el acceso a la educación o
que el Estado provea la formación continua, así como que los programas o cursos
de formación sean gratuitos, de calidad y elegidos por el personal, con base en
sus necesidades.
O
que a los seis meses de servicio se otorgue el nombramiento definitivo
de base para el ingreso a una plaza docente, siempre que no se presente alguna
nota desfavorable. Esto beneficia sobre todo a los jóvenes egresados de las
normales en condiciones desfavorables, esto es, que a menos que papi o mami les
puedan heredar una plaza o tengan el dinero para comprárselas o palancas con
los líderes sindicales para que les adjudiquen una, por muy buenos que sean,
aunque tengan verdadera vocación y entrega, lucharán gran parte de su vida por
tener una.
A menos que yo haya leído mal, el nuevo
ordenamiento aplica los mecanismos de nombramientos sólo a los profesores de
nuevo ingreso; permite impugnar la separación del servicio docente ante tribunales
laborales con base en la legislación laboral; y el personal que no obtenga un
resultado satisfactorio en la tercera evaluación conserva su empleo, pues sólo
se le incorpora a otra labor.
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