Prosa aprisa
Es hora de la solidaridad
Arturo Reyes Isidoro
Cuánta razón
le asiste a la secretaria de Protección Civil del Gobierno del estado Noemí
Zoila Guzmán Lagunes: nada es posible contra la fuerza de la naturaleza. La
hora de la tragedia y de la emergencia pega a Veracruz y es hora de la
solidaridad.
El temporal de
lluvias pronosticado para el mes de septiembre en el estado se está cumpliendo
puntualmente y todo apunta, por desgracia, a que la situación crítica puede
resultar peor que la que vivió en especial el norte de Veracruz en 1999.
Apenas estamos
en la primera quincena de septiembre y la temporada de lluvias y huracanes, que
concluye hasta noviembre, en apenas un lapso de 21 días, del 26 de agosto al 16
de septiembre, arroja ya un número fatal
de víctimas a causa de los deslaves que no tiene precedente: 37 sepultados y 11
hospitalizados, algunos graves.
“Es claro que
todo esfuerzo preventivo de un sistema de Protección Civil resulta insuficiente
contra la fuerza de la naturaleza y más con la complejidad hidrológica,
orográfica y la dispersión poblacional en nuestro estado”, dijo ayer Guzmán
Lagunes.
Expresó que
por ello el gobernador Javier Duarte la instruyó a redoblar el esfuerzo, lo
cual no está por demás, cuando varios ríos amenazaban anoche con desbordarse,
cuando hay muchos pueblos ya con sus habitantes evacuados.
Desde la
comodidad en la que muchos vivimos por habitar en sitios seguros donde no
existen riesgos de inundaciones ni de daños colaterales es muy fácil caer en la
indiferencia en horas críticas para miles y miles de paisanos, incluyendo
mujeres, ancianos y niños que ahora sufren la desgracia.
Las cifras que
dio ayer la titular de Protección Civil son en verdad alarmantes: hay hasta la fecha 20 mil casas
destechadas, esto es, 20 mil familias, unas 100 mil personas (si se toma como
promedio 5 personas por familia), que han visto dañado o perdido
irremediablemente parte de su patrimonio: muebles, enseres, documentos,
etcétera, pues es lógico suponer que la lluvia afectó todo.
Hay miles de
evacuados –mencionó 19 mil hasta ayer–, más de 300 personas lograron ser rescatadas
por fortuna, miles ya están el albergues, cientos, quizá miles están
incomunicados por tierra, a lo que hay que sumar el daño o la pérdida de sus
animales domésticos o de trabajo, de sus siembras, etcétera.
Guzmán Lagunes
no dejó de mencionar ayer los daños a carreteras, puentes, caminos vecinales, y
las imágenes que hemos estado viendo en los medios no dejan lugar a dudas de
que la desgracia puede ser mayor.
Fernand primero
y luego Ingrid más varias ondas tropicales dejan sus secuelas y puede venir lo
peor con los escurrimientos de agua de las zonas altas hacia las partes bajas y
hacia la costa. Varios ríos amenazan y es hora de ir preparando la ayuda.
Para el
Gobierno del estado no puede haber ahora nada más prioritario y urgente que
atender a los damnificados, que llevar al menos aliento y solidaridad más el
apoyo económico y material obligado a los familiares de las víctimas como lo ha
estado haciendo Duarte de Ochoa, a estar pendientes de los posibles afectados,
a poner en acción y sin descanso a toda la estructura humana y material y de
servicios para prestar auxilio. En fin.
Desde el
Gobierno del estado a mí me tocó vivir la inundación del 6 de octubre 1999 y
convivir la desgracia con cientos, miles de paisanos del norte. Nunca se me
olvida Álamo con sus calles inundadas, con cadáveres de animales flotando, con
inmundicias a flor de superficie, con las aguas pútridas que despedían un olor
nauseabundo, con la gente en las colonias tratando de rescatar de entre el lodo
su ropa, sus camas, lo que podían, que movían a darles un abrazo y ponerse a
llorar junto con ellos; como tampoco se me olvidan los daños a Tecolutla,
Gutiérrez Zamora, Tuxpan, Poza Rica, Costa Esmeralda, comunidades de Papantla,
en fin.
El Gobierno
seguramente hará y está haciendo lo que puede. Pero no será suficiente ante la
magnitud de la desgracia. Cuando deje de llover y cuando bajen las aguas, el
panorama será desolador y el número de damnificados muy cuantioso. Pero faltan
más lluvias, más tormentas, depresiones tropicales, huracanes.
Seguramente no
faltará, como siempre, la solidaridad de todos los veracruzanos: es hora, creo,
de empezar a organizarse para llevar ayuda, para donar lo que no nos haga
falta, agua, alimentos enlatados, medicamentos, pañales, ropa, zapatos y todo
lo que pueda servirles a los hermanos en desgracia.
Desde el lado
oficial, por las imágenes que se difunden, veo al gobernador Duarte de Ochoa en
sesión permanente con todo el cuerpo de protección civil, pero también veo
cumpliendo en esta hora de emergencia y solidaridad al Ejército y a la Marina,
así como a los elementos de Seguridad Pública.
En otros años
el DIF ha organizado el acopio de ayuda, por lo que seguramente esta vez la
señora Karime Macías de Duarte hará lo procedente, lo mismo que la Iglesia que
tiene un gran activo en el presbítero José Juan Sánchez Jácome que no dudo que
hará un llamado a todo el cuerpo clerical así como a la feligresía a que se
sume en esta hora de emergencia.
Un previsor
fue el secretario de Infraestructura y Obras Públicas, Gerardo Buganza
Salmerón, quien llegando a su nuevo cargo una de las primeras cosas que hizo
fue revisar todo la maquinaria pesada y disponer su distribución estratégica
por todo el estado para entrar en acción cuando fuera necesario. Ya hemos visto
cómo prestos han acudido a los lugares dañados o a adonde ha habido desgracias personales para
prestar ayuda, y cómo en 28 horas tendieron un puente provisional, peatonal,
sobre la estructura dañada sobre el río Misantla, para comunicar a la cabecera
de la ciudad con varias colonias.
Para este
martes se anuncia una intensificación de las lluvias. Ha sido oportuno y
prudente suspender clases para no exponer a nadie. Y no está por demás a llamar
a los paisanos que vivan en lugares de riesgo a resguardarse en los albergues.
Es lo menos que se les puede pedir.
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