Prosa
aprisa
Los primeros
capotazos de Sara
Arturo
Reyes Isidoro
La tarde del pasado 12 de julio,
a los postres de una comida en la Casa Veracruz con un grupo de columnistas, el
gobernador Javier Duarte de Ochoa comentó cómo durante el rectorado de Víctor Arredondo
Álvarez había habido una buena relación con el gobierno del licenciado Miguel
Alemán Velasco, “de la cual ambas instituciones salieron beneficiadas”.
Era una comida poselecciones,
para significar que su partido había ganado mayoría en el Congreso local.
Seguía la designación del nuevo rector y por eso se había tocado el tema, para
ver si daba luz sobre por dónde venía la jugada sucesoria. Pero su comentario
fue que no tenía candidato.
Aunque enseguida matizó
expresando que, en todo caso, “mi candidato es con quien yo tenga la
oportunidad de trabajar… y con quien podamos tener una excelente relación sin
detrimento de su autonomía”. Pues, sin duda, llegó al cargo la persona idónea, una
como la que él quería.
Porque Sara Ladrón de Guevara, de
entrada, ha dejado muy claro que pretende la mejor relación con Duarte y al
respecto ayer, al ofrecer una conferencia de prensa horas antes de asumir el
cargo, fue contundente: dijo que si bien la autonomía significa autogobierno, “eso
no nos puede alejar de las metas del gobierno de Veracruz ya que tenemos una
presencia importante en el estado”.
Cosa de recordar también que lo primero que hizo tan pronto se oficializó
su nombramiento fue reunirse con Duarte en la Casa Veracruz, según se difundió
una foto y un boletín oficial, donde el Ejecutivo le dijo que en esta nueva
etapa, “el papel de la Universidad Veracruzana será crucial en los esfuerzos
que desde el gobierno se realizan en el combate a la pobreza y la marginación,
llevando el conocimiento a todas las regiones del estado”.
Me llamó la atención que como
aspirante, Sara tuviera el buen cuidado de desvincular cualquier sesgo político
de su aspiración a ocupar el cargo. Ser rectora “no es un trampolín en una
carrera política”. ¿Por qué lo dijo? ¿En qué pensó cuando decidió plantearlo
ante las máximas autoridades que decidirían el cargo? ¿Qué le preocupaba?
No ve el cargo como un trampolín
político, pero eso no quiere decir que no sea política o que no sepa manejar el
abanico político como ya lo está demostrando, por lo que se advierte. Sus
primeros encuentros han sido con el poder político. Cabría pensar que ha dado
los primeros capotazos, que los ha creído necesarios en provecho de la casa de
estudios.
Ayer dijo a los reporteros que el gobernador Javier Duarte de Ochoa le
expresó su total apoyo y disposición para otorgar los recursos que la
institución requiere: “Creo en su palabra, en su intención y en su calidez para
la institución de educación superior pública más importante del estado”. Si así
es, que la luna de miel dure para siempre.
Si no fuera porque con toda
anticipación el Gobernador dijo que no tenía candidato, que no se metería en el
proceso sucesorio porque lo violentaría; y porque la Junta de Gobierno de la UV
insistió en la autonomía para decidir, hasta se podría decir que los actores
están siguiendo el libreto bien aprendido de una obra con un final feliz: se
entienden a la perfección. Flirtean. Se tiran flores. Se dicen cosas bonitas.
Pero, ¿por qué se desmarcó al
principio de no ver la Rectoría como un trampolín político?
Seguramente sabe y está
consciente de que se sigue pensando que además del más alto peldaño académico,
la Rectoría es también una posición política, para hacer política, y que en la
práctica política es común y característico el llamado “chapulineo”, esto es,
llegar a un cargo para brincar a otro todas las veces que se pueda aunque no se
haya cumplido un periodo formal, exactamente como lo hacen los mal llamados
políticos que ahora padecemos.
Hasta antes de que el gobierno de
Patricio Chirinos Calero le otorgara la autonomía, todos los rectores lo eran
por designación directa (el clásico dedazo) del gobernador en turno. Era,
evidentemente, una posición política en donde contaba más la cercanía con el
gobernador o el padrinazgo que recibía de algún poderoso que la calidad, los
méritos académicos, el conocimiento, la cultura.
Ahora mismo, para el proceso
sucesorio que recién tuvo lugar, se rumoró mucho que la sucesión ya estaba
decidida desde Palacio de Gobierno a favor de uno de los aspirantes. Había muchos
indicios que daban pie a tal especie. El resultado fue una verdadera sorpresa.
Lo que pasa, pienso, es que nos
permea todavía la cultura del dedazo, de la imposición, que creó e impuso y con
la que nos aculturó el PRI hegemónico
del siglo pasado, cultura en la que nada ni siquiera el viento soplaba si no lo
decidía papá Gobierno, el Presidente en turno, o el Gobernador, o el Alcalde en
turno.
Creo que Sara estuvo atinada en
marcar el deslinde, y tal vez quiso decir a los miembros de la Junta de
Gobierno que si llegaba no iba a brincar a un cargo en el Gobierno (la SEV, por
ejemplo) o a una alcaldía o a una diputación aun sin que hubiera terminado su
gestión (si lo hace bien, a lo mejor tenemos Sara rectora para ocho años).
Pero esa intención, esa firme
determinación suya no estará completa, creo yo, si no demuestra, ya en el
cargo, ahora que empezará a tomar decisiones, no sólo que verá a los académicos
como sus pares sino que hará los nombramientos de las diversas entidades académicas
no con base en el amiguismo sino en los méritos académicos, esto es, que nombre
a los más idóneos no a los más cercanos
a su afecto personal, aunque se podría dar la circunstancia de que algún
designado fuera su amigo y tuviera méritos académicos suficientes.
Creo que por esa misma cultura que
nos ha dominado de la imposición de quien tiene el poder, el miércoles 28 de
agosto cuando nos amanecimos con la buena nueva, el comentario entre la
comunidad académica era quiénes llegarían a tal o cual cargo o dirección y se
barajaban nombres no pensando en los de más méritos sino en quiénes son sus
amigas o sus amigos, su más cercanos, o sea, tal vez inconscientemente, pensando
con la mentalidad de la estructura de poder priista que nos ha caracterizado.
Ya se irá viendo en los hechos si
establece un parte aguas en la historia de la Universidad Veracruzana al
nombrar a los mejores, sobre todo en estos nuevos tiempos en que todavía algunos
siguen pensando que la Rectoría es un
botín a conquistar y a repartir, así como un cofre de prebendas para beneficiar
a los suyos, a sus incondicionales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario