Prosa aprisa
¡México, México,
ra ra raaa…!
Arturo Reyes Isidoro
Tiene razón el secretario de
Infraestructura y Obras Públicas (SIOP), Gerardo Buganza Salmerón: 600 millones
de pesos no es una cifra menor.
Esa cantidad, declaró ayer,
importan obras que 58 empresas constructoras no han terminado, no obstante que
se les pagó el anticipo.
Si la cifra no es menor, la tarea
que tiene enfrente el ex secretario de Gobierno, tampoco. Se enfrenta a una
maraña de intereses qué válgame Dios.
De acuerdo al cordobés, las
constructoras incumplidas ya están notificadas para rescisión de contrato y en
45 días recuperará el Gobierno del estado las fianzas que cubrirán el importe
del dinero que se les dio y que no han ejercido.
Las obras pendientes,
lógicamente, se las darán a otras empresas, para que las concluyan y se haga
justicia a los veracruzanos que las esperan y necesitan, eso dijo.
Buganza habló ayer con los chicos
de la prensa luego de montar guardia ante la estatua a Hidalgo en el parque del
mismo nombre, mejor conocido como Los Berros.
Insiste en imponer orden, disciplina y transparencia en la dependencia
a su cargo. Dos hechos demuestran que ya ha pasado de las palabras a los
hechos.
Él mismo recordó ayer que dos
obras se rescindieron: una en La Boticaria, en la zona conurbada Veracruz-Boca
del Río, y otra en Tetelcingo, en el municipio de Coscomatepec (¿vivirá todavía
el señor Eligio Baroja?; su nombre me gustó para personaje de una novela; hace
años que no me paro por esa comunidad, rumbo a las faldas del Pico de Orizaba).
Una pregunta que creo que sigue
siendo pertinente es: ¿por qué la Contraloría nunca actuó ante las anomalías
que se presentaban?, ¿por eso se va ya la próxima semana el actual Contralor?
El viernes 6 de septiembre, el presidente del Consejo Coordinador
Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, recibió a la prensa internacional en
vísperas de que el gobierno de Enrique Peña Nieto presentara la reforma fiscal.
El oaxaqueño, según publicó El País, de España, dijo: “México
no puede permitirse ya reformas descafeinadas” y pidió una lucha más decidida
contra la corrupción para que el país pase “de los escándalos a las sanciones”.
El líder patronal declaró que en el Informe de Peña Nieto
faltó mencionar la lucha contra la corrupción. “Sin esa pata de la mesa será
muy difícil aplicar las reformas y que México sea el país que queremos”.
A su llegada a la entonces Secretaría de Comunicaciones, hoy
la SIOP, Gerardo Buganza Salmerón lo primero que hizo fue llamar a los
funcionarios de la dependencia a comportarse con honestidad.
El 26 de agosto publiqué: “Los
constructores del estado que han asistido a las reuniones de trabajo que han
sostenido con el cordobés todavía no acaban de dar crédito a lo que oyeron y se
les ofreció: que se acabó el pago de cualquier comisión por asignarles obras,
el llamado ‘diezmo’, y que si tienen que hacer alguna denuncia que la presenten
y que se actuará”.
Los propios miembros de la Asociación de Constructores del Estado de
Veracruz (Acevac) a través de su presidente Rafael Nuñez Landa dijeron que
estaban de “plácemes” por la llegada a la dependencia de Buganza.
Incluso le agradecieron por agilizar los trámites “sin cuota” ni
recomendaciones de los pagos, contratos, supervisiones, y que aplicara la
normatividad correspondiente.
Si el testimonio no tuviera como fuente a uno de los mismos interesados
directamente, sería difícil de creer. No cabe duda: lo que está pasando en
Xalapa y en Veracruz confirma plenamente que México es un país kafkiano, esto
es, absurdamente complicado, extraño.
Porque de dientes para afuera, en efecto los constructores se
“alegraron” por la llegada de Buganza y de su intención de meter orden, acabar
con la corrupción y de que se les deje de pedir el diezmo, vil extorsión.
Según uno de los mismos constructores, luego de una reunión con los
directivos, el Secretario empezó a llamarlos uno a uno y ya en corto les pidió
que le dijeran quién les pedía el diezmo y cuánto entregaban; les reiteró que si
lo apoyaban, iban a denunciar y a proceder, a acabar con la corrupción ahí.
Váyase para atrás. Su reacción fue lo más inverosímil pero verdadera. Al
primero que llamó y le preguntó reaccionó como sorprendido: “¿Yo? ¿A mí? ¡Cómo
cree, señor secretario! Me ofende. ¡Yo no me presto a esas cosas! Le juro por
la santísima virgencita de Guadalupe (saben muy bien que Buganza es católico
ferviente) que a mí nunca me han pedido nada. Yo todas las obras que he logrado
las he obtenido mediante licitación. ¡Cómo cree! Regístreme si quiere”. Y de
ahí no lo sacó.
Y saliendo de la reunión, el constructor empresario empezó a llamar vía
teléfono celular a sus pares para alertarlos: “Oye, aguas, te va a llamar
Buganza y te va a preguntar cuánto das de diezmo y a quién. Prepárate, por eso
te llamo”. Y les platicó lo que él le había dicho.
La fuente, el constructor del testimonio, con todo realismo descarnado y
hasta con resignación argumenta y defiende su postura. “Nosotros nos dedicamos
a esto, vivimos de esto desde hace muchos años. Y pura madre que nos vamos a
arriesgar”.
Creen que Buganza está actuando de buena fe y que su lucha es bien
intencionada. ¿Pero –dicen– y qué tal si cuando vuelvan los “otros” se enteran?
Nos quedamos sin contrato, sin obra. ¿Y qué hacemos entonces con nuestra
empresa, con nuestra maquinaria y con nuestras familias?
Otro constructor platica que era socio en una empresa y que tenía ya más
de un año que no les pagaban por una obra realizada. Decidieron reclamar el
pago vía legal. Nos atendieron, sí –cuenta–, intervino Contraloría pero
entonces nos preguntaron de qué se trataba. Nos advirtieron que no había
problemas, que nos iban a pagar pero que no habría un contrato más.
Así que ahora que hay quien decidió agarrar el toro por los cuernos, los
constructores no sueltan la sopa.
Acaso eso explique por qué anteriores secretarios del despacho no
pudieron –y acaso tampoco quisieron– entrarle al problema. Uno de ellos, que
está a punto de ser legislador, habría dicho en alguna ocasión que sí sabía lo
que pasaba pero que tuvo temor a enfrentarse a intereses que no conocía. Y dejó
las cosas por la paz.
Acaso otros, por qué no, viendo que no iban a resolver nada pero que de
todos modos les caía la mochada, simple y sencillamente se metieron la mano al
bolsillo, y ya.
Hay que reconocerle y aplaudirle a Gerardo Buganza por lo que está
haciendo y por todo lo que logre como la rescisión de estos contratos, la
recuperación del dinero y la continuación de las obras. Mucho será lo que haga cuando
en su lucha lo dejan solo quienes debieran ser los más interesados y los
principales beneficiados.
El señor Gutiérrez Candiani, por lo que advierto, vive fuera de la
realidad cuando pide una lucha más decidida contra la corrupción, cuando pide
pasar “de los escándalos a las sanciones” y cuando sueña con un México que
todos queremos.
Yo, la verdad, me he estado preguntando, después de saber la actitud de
los constructores xalapeños-veracruzanos, si nuestro país tiene remedio, porque
cuando hay alguien decidido a enfrentar la corrupción son los mismos quienes
resultarían beneficiados los que están decididos a seguirla fomentando, a que
las cosas sigan igual. Mientras, ¡qué viva México cabrones!, ¡qué viva México!,
¡México, México, ra ra raaa…!
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