Prosa
aprisa
UV, del autoritarismo
al gobierno colegiado
Arturo
Reyes Isidoro
En una ceremonia que de no haber
cambio tendrá lugar la noche de este lunes (a las 20 horas en la USBI), la
doctora Sara Ladrón de Guevara hará historia al rendir protesta como la primera
rectora de la Universidad Veracruzana (UV), la vigésima primera de la Casa de
Estudios.
Llega, sin duda, animada de los
mejores propósitos. Su propuesta –“Tradición e innovación”– que planteó a los
miembros de la Junta de Gobierno de por qué aspiraba al cargo, abre la
esperanza de un futuro prometedor para nuestra alma máter.
Al final de su propuesta, dijo
que no veía el cargo como un trampolín en una carrera política, sino el más
alto peldaño de un miembro de la comunidad universitaria del estado.
Digo que abre un futuro
prometedor porque, de entrada, llega con la idea de no repetir dos características
que significaron a los últimos rectorados (sus antecesores inmediatos en los
últimos 15 años fueron Víctor Arredondo
Álvarez y Raúl Arias Lovillo): su personalidad autoritaria.
En su propuesta, la entonces
aspirante consideró que era tiempo de reconocer en la figura del rector a un
par de los académicos, es decir, de sus compañeros. “Debemos transformar la
personalidad autoritaria basada en una jerarquía que ha sido característica de
los últimos rectorados por un reconocimiento del rector hacia sus pares”.
Sentó tesis, marcó rumbo: “Conducir
una universidad no debe ser imponer su autoridad, sino promover el gobierno
colegiado que reside en el espíritu universitario”.
La nueva rectora llega con un
diagnóstico preciso de la situación que vive la UV, un diagnóstico que no deja
bien parado por lo menos a su inmediato
antecesor, planteado con un espíritu crítico pero realista, como corresponde a
un académico universitario que se precio de serlo.
Por ejemplo, en su planteamiento
como aspirante señaló que la Universidad no se ha consolidado en sus funciones
sustantivas y que el lugar que ocupa por su tamaño no corresponde al rango que
debería de tener entre las universidades del país.
Asimismo, que si bien los
indicadores de gestión universitaria han mejorado considerablemente, a menudo
se trabaja para alcanzar las metas en esos indicadores y no en la búsqueda de
la calidad total en la vida académica; o sea, digo yo, cantidad pero no
calidad.
Tocó un tema toral, considero que
prioritario a atender por cuanto afecta a la población estudiantil del estado,
que es decir, prácticamente, a todas las familias veracruzanas, que ahora
padecen la indolencia de quienes la han precedido en el cargo.
Reconoció que la sociedad
cuestiona a la Universidad porque la oferta de espacios no cubre la demanda de
educación superior en el estado, “lo que ha propiciado la multiplicación de
universidades privadas que significan una menor calidad profesional y un mayor
costo financiero para los usuarios, que muchos no pueden pagar” (Para el actual
periodo, la UV rechazó a 19,258 jóvenes para estudiar en sus aulas).
El pasado 13 de agosto, en “Prosa
aprisa” (“Halcones, la prioridad en la UV”) preguntaba yo si se debía tolerar y
seguir permitiendo que en la Casa de Estudios una Facultad, la de Derecho,
dispusiera de un techo financiero anual de sólo 440 mil pesos cuando en cambio
se gasta un promedio al año aproximado de poco más de 67 millones de pesos en
sostener un equipo profesional de basquetbol que en nada beneficia las tareas
sustantivas de la Universidad.
“¿Cómo se explica que en cuatro
años –de 2008 a 2011– de las arcas de la Universidad, que se llenan con
recursos públicos, es decir, de usted, míos, de nosotros, que pagamos vía
impuestos, se hayan erogado 268 millones 570 mil 976 pesos en los larguiruchos
jugadores (de los Halcones) (Norma Trujillo Báez/La Jornada Veracruz/3-sep-12)
y sea la hora en que no se pueden construir salas de juicios orales, ni una
sola, para la enseñanza y práctica de esa nueva modalidad del Derecho en la
universidad pública por excelencia del estado?”, cuestioné.
Por lo que planteó la entonces
aspirante a la Rectoría, por fin eso se va a acabar (el equipo se creó en la
gestión de Víctor Arredondo Álvarez y lo secundó Raúl Arias Lovillo, quien, ya
de salida, a punto de dejar el cargo, el pasado 23 de agosto aceptó-confesó que
el equipo le cuesta a la UV 56 millones de pesos pero tuvo la puntada de tratar de justificar tal
gasto afirmando que el equipo “le ha cambiado la vida a niños y jóvenes
veracruzanos”).
Al respecto, Sara Ladrón de
Guevara es contundente: “El deporte en la U.V. debe ser universitario. Los
deportistas externos o profesionales sólo tendrán un rol de capacitadores,
entrenadores, evaluadores y no protagonistas del deporte universitario”.
En buen romance o traducido al
cristiano (y por declaraciones que ha hecho a la prensa), eso implica que no
desaparecerá el equipo, pero los jugadores deberán ser universitarios, no con
estrellas que ganan 3 millones 120 mil pesos al año (el Patronato de la UV se
vio obligado a revelar la cifra a petición de un particular al IVAI), cuando un
técnico académico gana en promedio unos 240 mil pesos anuales. No se debe ni se
puede presumir de lo superfluo cuando se carece de lo necesario.
Se gasta, dijo Arias Lovillo, 56
millones de pesos en ese equipo, pero, por otro lado, a los académicos
paulatinamente se les ha venido quitando medicamentos del cuadro básico o de
buenos laboratorios con el pretexto de que no hay dinero, y del directorio
médico han desaparecido muchos especialistas que prefirieron dejar de prestar
sus servicios porque les pagan poco por la consulta y les demoran seis meses o
hasta más tiempo para pagarles.
Qué bueno que Sara, académica que
seguramente ha sufrido la mala situación, ofreció en su propuesta” recuperar la
calidad que el servicio médico algún día tuvo”. “Debe ofrecerse un servicio
adecuado, oportuno y humano a nuestro personal”.
“Radio Universidad debe poder
escucharse en FM. Debe encontrarse el medio para la salida al aire de un canal
universitario”. “La Dirección Editorial deberá digitalizar sus colecciones y
ofrecerlas en línea. El soporte tecnológico universitario permite la plataforma
de su distribución a un bajo costo” (propuesta oportunísima, ahora que el
pasado jueves se anunció que Amazon llega a México con el Kindle y 2 millones
de ebooks, de los cuales 70,000 se encuentran en español, por lo que bien se
podría buscar un convenio para vender lo mejor de nuestro catálogo como la
colección “Serio Pitol traductor”).
Relevante en verdad lo que
propone para la Universidad Intercultural. Las sedes deben apoyar a los jóvenes
indígenas en prepararse para el examen de admisión de cualquier programa
educativo, en los programas que ellos deseen y otorgar becas a aquéllos que
logren un lugar, para que puedan continuar sus estudios.
Con un agregado: los programas
que ofrecen esa modalidad deben apoyar el desarrollo de las comunidades, ser
pertinentes en el medio en el que se encuentran y no tratar de imponerles
programas elaborados desde el escritorio.
En fin, la nueva rectora tiene,
entre otras preocupaciones, la de recuperar y fortalecer la confianza de la
sociedad, “demostrar su pertinencia en el contexto regional y la competitividad
de sus egresados, administrativos y académicos a nivel nacional y fuera de
México”.
Estoy seguro que todos los
miembros de la comunidad académica la apoyarán en ese propósito y que lo va a
lograr, máxime si trata a sus pares en
un plano de igualdad y no desde una posición de personalidad autoritaria. Qué
todo sea por el bien de nuestra Universidad.
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