Prosa aprisa
7 de junio
Arturo Reyes Isidoro
Del grito “¡Prensa vendida!” de los jóvenes del 68 al “¡Quiero información
real y no manipulada!” de los jóvenes #YoSoy132 de 2012, de nuevo los medios
están en el banquillo de los acusados de un gran sector de la población, y en
ese marco, este jueves 7 de junio llegamos a otro Día de la Libertad de Prensa
en México, donde los reclamos son un claro indicativo de que en materia
informativa se continúa debiendo a la sociedad.
Yo recuerdo cuando los jóvenes del siglo pasado, en aquel funesto 1968, al
reclamo al gobierno de Díaz Ordaz de libertad, de apertura, de alto a la
represión, sumaron el de verdadera libertad de expresión y su repudio a la
prensa al servicio del poder que expresaban en sus marchas y protestas frente a
los diarios de entonces como Excelsior,
El Universal, Novedades, La Prensa, sometidos por un poder
presidencial priista omnímodo, avasallante y represor.
Algunas voces de entonces que sufrieron prisión por ejercer su derecho a
expresarse (se me vienen a la memoria de repente el escritor José Revueltas, el
muralista David Alfaro Siqueiros, los periodistas Mario Menéndez Rodríguez y
Víctor Rico Galán, el ingeniero, catedrático y activista político Heberto
Castillo) sembraron la semilla que germinó en los jóvenes universitarios muchos
de los cuales (nunca se supo el número real, pero se habló de cientos) pagaron
con su vida su reclamo de airear la vida pública del país y que se informara
con la verdad.
Hoy, 44 años después, si bien se ha avanzado con más apertura; por la
presión del poder, de los gobiernos, o por intereses particulares, comerciales
de los dueños de los medios, el sesgo informativo, la manipulación o el
ocultamiento de la noticia están a la orden del día y al despido injustificado
de reporteros que pretenden cumplir con el principio universal del periodismo
de informar con apego a la verdad se suma ahora el riesgo latente de la
violencia y/o muerte a causa de la delincuencia organizada.
Hay, sin embargo, sus excepciones, medios que son verdaderas ínsulas,
tablas de salvación en medio de un mar de sometimiento o de auto sometimiento,
que dignifican el quehacer periodístico, informativo, porque cumplen
verdaderamente con ser intermediarios válidos entre la sociedad –cuyo intereses
reflejan cuando son auténticos– y el poder al que someten a escrutinio, y que
suplen también casi siempre al Poder Legislativo, el que se supone es la
representación popular del pueblo que, tristemente, está sometido y no sirve de
equilibrio ante los excesos o deformaciones del poder en contra de los
intereses de la sociedad; medios que ejercen verdadera labor de contraloría
social, a los que hay que honrar y hacerles todo el reconocimiento posible, a
los que hay que echar toda la bendición para que perduren por siempre y que nos
permitan continuar teniendo todos los días algo que leer, diferente, que nos
mueva a la curiosidad, a la reflexión y a la duda para que sigamos siendo
hombres y mujeres libres.
Pero aunque con muchos años de retraso y de letargo, resulta estimulante y
esperanzador que los jóvenes de hoy, nuestros jóvenes, recojan la estafeta que
dejaron los jóvenes del 68, que retomen su lucha y que continúen reclamando
información real, no manipulada, que honren a sus antecesores, gracias a los
cuales hoy ya no es posible que se les reprima públicamente y que se les
asesine y se les desparezca cuando salen a plantarse frente a un gigante
monopólico como es Televisa, al que incluso, con su poder, han obligado, por
primera vez desde que existe como empresa, a que abra espacios a la
inconformidad y a que ceda a sus reclamos como el de la transmisión del debate
de los candidatos a la Presidencia en su canal principal el próximo domingo.
Se ha avanzado, sí, hay muchos signos alentadores, esperanzadores, pero a
la censura o a la autocensura se suman también signos preocupantes de violencia
en contra de los periodistas, si bien ahora en casos concretos pero que
reflejan la falta del cumplimiento del deber de los gobiernos, del poder, para
crear y mantener las condiciones para un auténtico libre ejercicio
periodístico, de libertad de expresión, y en ese sentido esos gobiernos, el
poder legalmente constituido es responsable de la muerte de muchos compañeros
muertos y cuyos crímenes demandamos, exigimos, una vez más, que se esclarezcan
y se castigue a los responsables.
Pero libertad de prensa la hay. Es innegable. La censura tiene cabida
porque así lo permiten los dueños de los medios. La autocensura se da porque
así les conviene. Pero, hablo por mi caso personal, es posible expresarse,
manifestarse, ventilar ideas, disentir, criticar, señalar, denunciar, todo está
en que uno decida ejercer esa libertad. ¿Por qué les pasó lo que les pasó a mis
compañeros muertos, varios de ellos mis conocidos o mis amigos? Eso es lo que
se reclama saber. Pero por experiencia diaria vivo y ejerzo la libertad, y aquí
aprovecho para hacer todo mi reconocimiento a mis amigos editores de todo el
estado, de portales informativos, medios impresos y canales de televisión
on-line que dan cabida a mis escritos y que salvo en uno o dos portales que
terminaron por censurarse –a mí no me censuraron– y me dejaron de publicar, que
no fueron sus operativos a los que entiendo y aprecio y guardo gran cariño,
todos me publican aunque a veces algunos temas no sean del agrado del poder.
Pero al poder mismo, lo mismo al gobierno federal que al del estado y al
municipal, tengo que reconocerles que hasta ahora no me han hostigado, no me
han amenazado, no me han perseguido ni me han molestado ni han ejercido
represalias contra mí o contra mí familia, no obstante que a veces he dirigido
críticas nada complacientes lo mismo contra el presidente Felipe Calderón y su
gobierno que contra Javier Duarte y su administración o contra Elizabeth
Morales y su gobernación.
El pasado 10 de mayo publiqué que ante lo que ha sucedido este año, este 7
de junio no había nada que celebrar. Sigo pensando lo mismo. Sin embargo, el
ejercicio de la libertad de prensa es un derecho que creo, desde mi muy
particular punto de vista, que no es para celebrarse o para que alguien nos lo
celebre, sino para ejercerlo, con toda responsabilidad. En el caso extremo, yo
todos los días hago mi propia celebración cuando a primera hora de la mañana
encuentro mi bandeja de entrada de mi correo electrónico lleno de mensajes de
mis lectores y de mis lectoras (sí los leo, discúlpenme que no les responda,
generalmente ando con varias ocupaciones) que me reconocen o que me reclaman,
me ponen como camote y me madrean, que me dicen que nunca me habían visto tan
cargado a favor de alguien como ahora de López Obrador o que me echan en cara
que escriba mucho del PRI y sobre priistas y que me crucifiquen porque me acusen
de que soy peñanietista y que lo dejo entrever, o que me pregunten por qué no
me he ocupado de tal o cuál tema, que si ya me llegaron al precio.
De todos modos doy acuse de recibo y reconozco la atención y la cortesía
del gobierno del estado por la invitación para estar la mañana de este jueves
en el desayuno que ofrece en el World Trade Center de Boca del Río con motivo
de la fecha. Le reconoceré más que mantenga su respeto, como hasta ahora lo ha hecho, hacia mi persona por lo que
escribo.
Y a propósito de Peña Nieto –qué le hago queridos lectores si tengo la
información creo que exclusiva–, ante lo definitorio del debate del próximo
domingo, desde el viernes luego del medio día se encerrará en un hotel del
estado de Jalisco con sus asesores para preparar a fondo los temas a abordar
pero también para ensayar defensas ante la embestida que espera de López Obrador,
para lo cual anoche todos juntos no perdieron detalle de la participación del
Peje en Tercer Grado.
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