Prosa aprisa
Fin de fiesta
Arturo Reyes Isidoro
Hemos llegado al último fin de semana de una
campaña presidencial que hará historia, gane quien gane dentro de nueve días.
En Veracruz, acaso lo único reprobable fue la agresión que sufrieron algunos
antipeñistas en la ciudad de Córdoba, un incidente menor ante la magnitud de
los intereses en juego, pero fuera de ello, y tiene que reconocerse
responsablemente, ha campeado plena libertad. Por lo menos no se escuchó o se
leyó que Andrés Manuel López Obrador, Josefina Vázquez Mota, Gabriel Quadri de
la Torre o Enrique Peña Nieto hayan dicho que trató de negárseles un espacio
público o que sufrieron acoso en sus personas para desarrollar sus tareas
proselitistas o que se trató de obstaculizar a sus equipos de trabajo, lo que
significa un avance democrático pues en el pasado no siempre fue así cuando se
trató de beneficiar abiertamente al candidato del partido en el gobierno del
estado, que siempre ha sido del PRI, en detrimento de la oposición.
Pero lo mismo puede decirse de los candidatos al
Senado de la República y a las diputaciones federales, quienes se han movido en
función de sus recursos, de su interés por alcanzar la victoria, de su
capacidad de trabajo y de su organización, de su aceptación ante el electorado
y del apoyo que han recibido de sus partidos políticos. En sus casos también,
hasta ahora no escuché o leí que algún aspirante, de cualquier partido, se haya
quejado o haya denunciado anomalía alguna en perjuicio del desarrollo de sus
actividades. En ese sentido tiene que reconocerse el respeto para el desarrollo
del proceso electoral por parte del gobierno de Javier Duarte de Ochoa, pero
también que ello se debe en gran parte a
la madurez política de la sociedad veracruzana, que ya no permite ni acepta prácticas
del pasado por fortuna superadas como lo estamos viviendo.
En el caso de quienes escribimos y publicamos en
los medios como una forma de ejercicio profesional, también hemos podido
realizar nuestro trabajo con toda libertad
y hemos opinado en tal o cual sentido. En mi caso, por lo menos, he
podido manifestarme sin ninguna cortapisa, y apuntarlo ni siquiera sería
necesario porque es un derecho constitucional si no fuera porque en el pasado
había asomos o se manifestaba abierta y descaradamente el autoritarismo
presidencial a favor de su partido, por lo que también tiene que reconocerse el
respeto ahora del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, aunque igualmente a la
nueva sociedad que ya no se deja ni permite que se le coarte, de ninguna forma,
su libertad a expresarse.
Así, en el estado, yo sí creo que están dadas las
condiciones para una votación libre, abierta, democrática, que los ciudadanos
podremos elegir a quien consideremos que mejor nos puede representar si hacemos
conciencia de que no podemos comprometer nuestros intereses ni nuestro futuro a
cambio de una dádiva de cualquier partido y del tipo que sea, y que si lo
hacemos así, los candidatos que ganen tendrán plena legitimidad, la necesaria
para tratar de cambiar lo que haya que cambiar para arribar a nuevos estadios
en la vida democrática de Veracruz.
Resalto algunos detalles que advertí y que marcan
diferencias con el último proceso que vivimos en la entidad en 2010. Ya no nos
saturaron de rojo: ya no pintaron de rojo las escuelas, los hospitales, los
transportes oficiales, los edificios públicos; ya no fue excesiva, hasta el
grado de abominarla, la publicidad y propaganda con fondo rojo; ya no nos
saturaron a determinadas horas con el Himno a Veracruz con niños cantores
vestidos de rojo. Esta vez no hubo guerra de lodo entre los candidatos, de
ningún nivel. Se comportaron, hasta donde se puede usar el término,
decentemente. Poco, o casi para nada, o de plano nada se ha hablado de
abstencionismo, por lo que no ha habido necesidad de que se machaque por la
tele, por la radio o por los medios escritos de que vayamos a votar. Es tanto
el interés –así lo considero– que despierta la contienda que lo haremos por
convicción propia. Me pregunto, me he preguntado una y otra vez, por qué los
candidatos de oposición del estado esta vez no se metieron directamente con el
gobernador Javier Duarte de Ochoa y con su gestión, lo mismo los del PAN que
los del PRD o los del Panal. Ni una crítica, ni un señalamiento, ni una
acusación directa o indirecta. ¿Cabildeo, pacto, negociación, algún
ofrecimiento o simple respeto entre las partes? Tampoco, por lo menos hasta
hoy, hubo filtración de grabaciones de voces o de imágenes que expongan
comprometedoramente a Duarte como ocurrió con Fidel Herrera Beltrán. Sin que no
quepa la posibilidad de que exista o la haya habido, no se nota, como en el
pasado inmediato, el dispendio de recursos en propaganda roja, del tipo que
sea. ¿Lo notó? Esta vez tampoco hubo en televisión publicidad ni directa ni
disfrazada de información de los candidatos a senadores y a diputados federales,
lo que al parecer, por lo menos en el caso del PRI, obedeció a una estrategia y
a una instrucción para dejarle todo el espacio a su candidato presidencial,
pero también ante la cada vez más rigurosa fiscalización de los recursos de las
campañas. La que se esperaba, la guerra sucia, el escándalo, la campaña contra
el PRI tomando como pretexto la figura del ex gobernador Herrera Beltrán,
tampoco se dio. Ningún recordatorio, ninguna alusión a la deuda pública
heredada. Salvo un spot nacional por unos cuantos días vinculándolo con la
delincuencia organizada pero junto con otros ex gobernadores y el morbo que
desató la fotografía donde aparece al lado del señor Francisco “Pancho”
Colorado, detenido por presunta delincuencia organizada en los Estados Unidos,
tampoco prácticamente nada, ningún señalamiento con pruebas, por lo que el de
Nopaltepec ya casi la salvó o ya la salvó pues el grueso de la campaña ya pasó
y en lo que queda se supone que los candidatos que pudieran estar interesados
seguramente aprovecharán el tiempo y el espacio que les queda para vender su
oferta y tratar de convencer.
En mi caso personal, lo comento abiertamente, me
felicito por la clase de lectores que tengo y a los que les agradezco su
atención. Por un lado, aunque poco, pero aumentaron mis seguidores en twitter,
aunque no hay un solo día en que por lo menos no se me agregue uno; en cambio,
se multiplicaron las peticiones de aceptación de nuevos amigos de facebook.
Pero, sobre todo, me han llovido correos electrónicos, alguna veces llenándome
de reconocimientos, otros compartiendo mis puntos de vista, pero también
algunos siendo irónicos, otros reprochándome, reclamándome o reprobándome por
tal o cual comentario u opinión. Algunos claramente panistas, me han reconocido
cuando me he ocupado bien de su candidata o de su partido, pero no me han
tratado nada bien cuando han sentido que he dañado su causa. Otros, priistas,
directamente o por interpósitas personas o por mensajes electrónicos me acusan
de inclinarme, como nunca me habían visto –me dicen–, a favor del candidato de
las izquierdas. Y unos terceros, no sé si perredistas, me rebaten incluso
hablan de “mi gobernador” refiriéndose a Javier Duarte de Ochoa y de que me
ocupo demasiado de los candidatos priistas. A todos los respeto y me da gusto
que se expresen y se manifiesten libremente. Lo único que les puedo decir ahora
es que gane quien gane continuaré con mi línea: reconoceré lo que se tenga que
reconocer, pero señalaré lo que no esté bien, de acuerdo a mi convicción. No me
anima otro propósito. No recibo nada de nadie. En verdad, me interesan mis
lectores, la sociedad, la población. Y ahí seguimos.
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