Prosa aprisa
¿Guerra de
baja intensidad?
Arturo Reyes Isidoro
Voy al sur del estado. Quiero consolar a mi hermana, darle fortaleza: su
esposo, mi cuñado, ha optado por la vía falsa. Me urge llegar. Es fin de
semana, por la mañana. No es hora pico pero la salida de Xalapa ya está
imposible. El tránsito avanza lento, muy lento, a vuelta de rueda o a menos de
vuelta de rueda, acaso a media vuelta de rueda. Al paso compruebo que no ha
habido accidente que obstaculice. No es hora todavía de tiendas y almacenes menos
de ventas nocturnas. No ha llovido ni se ha inundado ni se ha derrumbado algún
talud de tierra. Me lleno de paciencia. Hasta que llego a la causa, que por no
ser ahora frecuente viajero no había pensado en ello: el retén policiaco, de
seguridad, que impide el libre fluido de salida de la capital del estado, como
lo impide también el que se ubica por la salida hacia Banderilla rumbo a la
capital del país o el otro hacia Coatepec igualmente rumbo a Córdoba y que
viven y padecen cientos, miles de personas diariamente, por los motivos que sea
que los obligan a transitar por esos puntos. Recuerdo que con toda anticipación
las autoridades nos han puesto sobre aviso de esas aduanas para poder pasar y
se nos ha pedido nuestra comprensión. Se trata de la seguridad, de nuestra
seguridad, se nos ha dicho. Lo entiendo. O trato de entenderlo. Patrullas,
camionetas, policías fuertemente armados, torretas, el ancho de la carretera
reducido a un solo carril de muchos metros de largo que en un tramo se traduce
en un camino laberíntico, conos, obstáculos, ojo avizor de los uniformados, un
acotamiento para hacer aparcar ahí el vehículo que les parece sospechoso,
observo que revisan dos camionetas cerradas, en una de las cuales viaja una
familia (o eso parece), se fijan en la plaquita metálica que contiene el número
de serie del vehículo en el que viajo. Buscan delincuentes, armamento, drogas.
Viendo, viviendo la escena, me remonto a mis años juveniles, de estudiante,
cuando eso solo lo veía en películas como Estado
de sitio de Costa-Gavras allá a inicios de los años 70 del siglo pasado con
lo que quería denunciar lo que sucedía en los países de América del Sur a causa
entonces de los dictadores y de la represión militar. Pero ya es una realidad
en la Atenas Veracruzana, en la Ciudad de las Flores, en la ahora Capital de
los Retenes. ¿Qué más nos falta para pensar que vivimos una situación semejante
a la de una guerra de baja intensidad si bien aquí el enemigo es la
delincuencia organizada, pero que está tan bien armado como el mejor ejército?
A nuestras autoridades, a nuestros políticos, así como les causa urticaria que
se hable de estados fallidos, igual les produce prurito que se diga que vivimos
una guerra de guerrillas o una guerra de baja intensidad.
Ayer –según leí en el portal de Proceso–,
la revista estadunidense The New Yorker
afirma que nuestro país vive una “guerra civil de baja intensidad” que se libra
principalmente en pueblos y ciudades de la que no se salva la población civil.
Pone como ejemplos el incendio en el Casino Royal en Monterrey, la matanza de
Boca del Río y los granadazos en Morelia aquella noche de 15 de septiembre.
“La parte más débil de la estrategia del ‘kingping’ (pez gordo) es la
fragmentación de los narcotraficantes en grupos más pequeños ultraviolentos y
en guerra. Esta versión de policías y ladrones de la guerra contra las drogas,
no puede, en ningún sentido, tomarse a la ligera. La idea de un estado
unificado que frenéticamente persigue a los chicos malos es pura ‘pantalla’”, publica
en su edición correspondiente al mes de julio que inicia el próximo domingo.
El texto del análisis, escrito por William Finnegan, enfoca sus baterías en
Felipe Calderón y no deja de relacionar la situación con el proceso electoral.
Destaca que uno de los objetivos primarios de Calderón en la lucha contra el
narcotráfico es atrapar a Joaquín El
Chapo Guzmán. Pero “Nadie cree que el gobierno está ejerciendo su autoridad
hoy en México. No está claro siquiera que el capturar o matar a El Chapo Guzmán traería a la administración
de Calderón una inesperada ganancia de popularidad, por no hablar de que ayude
al PAN a recuperar el terreno que necesita para ganar la inminente elección
presidencial”. Sostiene que los seis años de Calderón están por terminar y que
esta elección puede verse, con justa razón, como un referéndum de su ofensiva
militar contra la delincuencia organizada, que ha costado la vida a
aproximadamente 50 mil personas y que ha dejado al país psicológicamente
maltratado.
Yo no tengo duda que sí, que el domingo, en parte, la votación será para
aprobar o para reprobar al gobierno panista de Felipe Calderón y su política de
seguridad –o de inseguridad– y de combate a la delincuencia organizada, debido
a la cual ya tiene su panteón particular con más de 60 mil cruces, más los
desaparecidos, y a ciudades importantes, capitales de estado como Xalapa, en
situación de guerra de baja intensidad. Lamentablemente, porque creo que no se
lo merece aunque colaboró en ese gobierno, las consecuencias las pagará la
candidata de su partido Josefina Vázquez Mota y debido a lo cual quien sabe
quién será peor para su causa, un lastre para la señora, si Vicente Fox con sus
dislates declarativos o Felipe Calderón con sus miles de víctimas producto de
la improvisación y de la ligereza con que metió al país en un problema para el
que no tenía nada planeado ni estaba preparado.
Por lo pronto, ¡ay!, que le hacemos. Ni modos, si lo que se hace es la
única forma de contener la violencia en la atrora apacible y acogedora capital
del estado, no nos queda más que apechugar, porque en el corto plazo no se ve
una solución radical. Y para nuestros compromisos, salir por lo menos con una
hora de anticipación porque quién sabe cuánto nos llevará pasar el retén, la
aduana, el filtro.
Pero algo me llamó poderosamente la atención: a la media noche del
viernes-sábado salí de la funeraria a tomar aire. En Coatzacoalcos, debido a
las lluvias, estaba la noche, normalmente calurosa, agradable, fresca, con
ligero viento. Con la zozobra que vivo como xalapeño, como que me asaltaba el
temor de echarme a caminar por las calles del centro histórico. Pero me decidí.
Esa área de la ciudad estaba apacible, los taxis circulaban con toda
normalidad, en el parque Independencia, el central, había un hombre con su
carro de dulces, una adolescente con su carro de hot dogs, unos niños,
seguramente familiares de alguno de ellos, jugando, corriendo, circulaban
vehículos particulares con parejas, en la esquina de las calles Carranza e
Hidalgo escuché ruido en un local y me asomé: es un bar que estaba lleno,
animado, con los parroquianos alegres, despreocupados. Caminé, observé cómo el
alcalde Marcos Theurel mantiene limpias las avenidas y no vi, nunca vi,
policías, soldados, marinos, rondando, ni a pie ni en vehículos, como en el puerto
de Veracruz o en Xalapa. Y cuando llegué y cuando salí a y de la ciudad,
tampoco había retenes. ¿Por qué allá no y acá sí?
Mitofsky da 15 puntos de
ventaja a Peña Nieto
En su última encuesta, cuyos resultados fueron dados a conocer ayer,
Consulta Mitofsky da 15.1 puntos de ventaja a Enrique Peña Nieto sobre Andrés
Manuel López Obrador: 44.5 contra 29.4%. A Josefina Vázquez Mota la deja en
tercero con 24.1%. La agencia española EFE dijo ayer que la victoria del
priista está asegurada si se confirman las cifras, pues recuerda que
Covarrubias da 11 puntos de ventaja: 41 contra 30%, y GEA/ISA otorga 18.6 por ciento de ventaja: 45.5
contra 26.9. Veremos que dicen los ciudadanos el domingo.
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