Prosa aprisa
¿De verdad,
el Peje, un peligro?
Arturo Reyes Isidoro
No soy panista, pero me gustó anoche Josefina; se
preparó bien; fue la que mejor aprovechó el último debate oficial, que estuvo
más equilibrado; el voto duro no se mueve; la moneda continúa en el aire.
Enrique Peña Nieto consideraciones aparte –como
por ejemplo, que va a ganar, según él mismo y los responsable de su campaña; o
de que todas las encuestas lo ubican el primer lugar–, yo me preguntó que más
mal le puede ir al país después de los desastrosos gobiernos panistas de
Vicente Fox y de Felipe Calderón, en quienes los mexicanos cifraron sus
esperanzas de que con ellos habría un cambio real y resultaron más de lo mismo
–o peor–, si por esos vuelcos que da la historia llegara a alzarse con el
triunfo el próximo 1 de julio Andrés Manuel López Obrador.
De Fox no se pueden olvidar el abuso de poder que
hicieron él y su mujer Martha Sahagún, el nepotismo con los hijos de ella, que
de modestos jóvenes de clase media hoy son multimillonarios merced a los
negocios ilícitos que hicieron al amparo del poder protegidos por su padrastro,
así como la impunidad que campeó en su administración y de la que ellos mismos
disfrutan. De Calderón, para solo tomar un botón de muestra, habla el panteón
de más de 60 mil muertos y la secuela en sus familiares víctimas de una
política de seguridad que no se planeó, de la improvisación, de la
irresponsabilidad.
Digo qué más mal le podría al país con el Peje, no
porque se tenga la certeza de que así ocurrirá, sino porque uno de los
argumentos de sus enemigos es que sigue representando un riesgo para la
estabilidad, un peligro, como lo manejaron hace seis años. Pero no todos
piensan así. A mí me llama la atención y me sorprende que un amplio sector de
la clase media para abajo, que es mayoría, confía en él y nada la hace cambiar,
nada, en su intención de ir a votar por el tabasqueño, y si por alguna razón
–todo es posible, la moneda está en el aire– no llegara a triunfar, no me cabe
duda que venderán cara su derrota, que harán a que Peña Nieto deje el pellejo
en la alambrada.
Ayer fue el segundo y último debate oficial, fue
una representación más, que tal vez inclinará a los indecisos hacia un lado,
pero el voto duro de los candidatos es inamovible. En los 17 días que faltan de
campaña, todos echarán el resto (es un decir, porque no se olvida que en el
pasado proceso electoral municipal –y aquí lo señalé en “Prosa aprisa”
oportunamente– Elizabeth Morales García se quedó con propaganda embodegada –que
explicaría en parte también porque perdió en el municipio la elección Javier
Duarte de Ochoa– y que ya pasada la elección los domingos la sacaban a repartir
o a rifar en festivales en la Plaza Lerdo, cuando ya para qué), o más bien ya
lo están echando.
Pero volviendo a la posibilidad de que por esos
vuelcos de la historia AMLO se encaramara en el poder, no solo de la clase
media para abajo no se descalifica al Peje. También hay verdaderos personajes
políticos y empresarios que no ven todo negativo en López Obrador e incluso le
conceden el beneficio de la duda. Uno de ellos, el ex gobernador Miguel Alemán
Velasco.
Recupero ahora la declaración que sobre el
tabasqueño hizo en una memorable entrevista que se publicó el 6 de diciembre de
2009 en la revista Proceso (“Calderón
sin inventiva, sin equipo, sin partido”). Al hablar entonces sobre los
presidenciables de la izquierda y al no señalar a ninguno, el reportero Carlos
Acosta Córdova le preguntó: “–¿Y Andrés Manuel López Obrador, que ya se
autodestapó?”
Transcribo la respuesta completa:
“–Le voy a decir una locura: si López
Obrador fuera presidente, en vez de estar haciendo y diciendo todo lo que hace
y dice, lo del petróleo ya estaría caminando, igual que con Lula en Brasil.
–Pues
sí que sorprende lo que dice. Muchísima gente, los empresarios por delante, le
acusan de ser anacrónico, de ser fundamentalista en el discurso y en los
hechos; de decir no a todo. Sobre todo en relación con el petróleo, que para él
y su movimiento, no se toca ni con el pensamiento. En Brasil, la paraestatal
petrolera, Petrobras, cotiza en bolsa, explora y explota con empresas
extranjeras y comparte con ellas la renta petrolera. Aquí, primero muertos…
–Pues
así eran en Brasil. Lula mismo y su gente. Cuando era gobernador de Sao Paulo
me tocó verlo allá, en varios viajes que hicimos con Porfirio Muñoz Ledo, y era
pecado también allá tocar el petróleo. Pero llegó a la Presidencia y dijo: no,
me equivoqué.
–¿Cree
que López Obrador tendría esa capacidad de cambiar, de ver hacia adelante?
–Con
un peligro: que podría hacerlo al estilo de Hugo Chávez, en Venezuela. Pero lo
que quiero decirle es que si ya vimos lo que hizo la izquierda en España antes,
y lo que ha hecho ahora en Brasil… ¿por qué no pensar que también aquí la
izquierda puede hacerlo?
–La
pregunta es, más bien, si realmente hay una izquierda en el país…
–La
izquierda está cometiendo exactamente el mismo error que cometió el PRI al
final de sus 70 años en el poder: sólo buscar clientelas; estar en contra de
todo; echarle la culpa a otros, siempre...”.
Ahí
está la visión de un hombre que sabe de política, que sabe de negocios, triunfador,
que tiene una visión global, no aldeana, que se roza con los principales
personajes del mundo, influyente en muchos sectores del país, que cobija, que
da calor al gobernador Javier Duarte de Ochoa, al que no le asusta el cambio y
quien, seguramente, si así llegara a ocurrir, tendría la suficiente
inteligencia para aprovecharlo y montarse en él para seguir haciendo negocios.
Cosas no tan
pequeñas
Bien
me lo dijeron los Garcimarrero –Benjamín y Alfredo– la tarde del pasado
viernes: y eso que escribe “cosas pequeñas”. El comentario fue porque la
presentación del libro Cosas pequeñas
de Juan Antonio Nemi Dib fue más bien un espectáculo que llenó de bote en bote
el Casino Xalapeño. Su llegada y entrada fue bajo los reflectores, bajo una
lluvia de flashazos, como si llegara el actor más atractivo y cotizado, la
butaquería fue insuficiente, la gente apenas si cabía de pie, la planta baja estaba
saturada, el corredor de la planta alta, llena. Ahí estaban Rosario “Charo”
Piña ex candidata a alcaldesa de Xalapa, Américo Zúñiga Martínez diputado local
y quien desde finales del año pasado anda en campaña por la presidencia
municipal de la capital, el licenciado Gerardo Fernández Carreto, la vocera del
gobierno Gina Domínguez Colío, la procuradora de la Defensa de la Familia
Adelina Trujillo Landa, Gloria de Morosini, Mónica Mendoza vocera del PRI
estatal, Felipe Hákim hoy editor de un portal informativo, por ahí se asomó el
poeta, escritor y periodista cultural José Homero, casi me atrevería a señalar
que estaba medio Xalapa, personas de todas las condiciones sociales. Yo nada
más esperaba que de repente asomara una pancarta que dijera “Vota por Peña
Nieto” porque parecía más bien un mitin, con una concurrencia que avergonzaría
al mejor acto de campaña de Reynaldo Escobar Pérez, acto que me hizo preguntar
si no hubiera sido Nemi un mejor candidato por Xalapa Urbano. En fin.
El PAN, en
problemas en Coatepec
En
plena recta final de las campañas, al candidato del PAN a la diputación federal
por Coatepec, Everardo Soto, le renunció su coordinadora de prensa Xiomara
Oliva Armenta. Según, ella argumenta falta de pago por su trabajo. Al parecer
también hay adeudos a proveedores publicitarios. Otro comentario es que el
aspirante blanquiazul estaría guardando recursos para comprar votos aunque
quede mal con sus operadores. También, que Xiomara se fue porque ya ve venir la
derrota y se hizo a un lado antes de que la quieran responsabilizar. Lo cierto
es que Everardo trae problemas y, al parecer, serios.
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