Prosa aprisa
El
escándalo mediático de ayer
Arturo Reyes Isidoro
Es un salpicadero, y puede ser más. En medio del
lodacero, el único que aparece limpio es Javier Duarte de Ochoa, por lo menos
hasta ahora, a reserva de que alguien le hiciera un señalamiento concreto o de que lo exhibiera en alguna
fotografía como las que circularon ayer miércoles en los portales informativos
sobre Fidel Herrera Beltrán y Miguel Ángel Yunes Linares, a quienes se les
vinculó directa o indirectamente con el empresario veracruzano Francisco
Colorado Cessa, al que, a su vez, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos
catalogó como narcotraficante, aparte de la acusación penal que el Departamento
de Justicia presentó en su contra como lavador de dinero de la delincuencia
organizada.
Todo comenzó cuando el diario Reforma subió a su portal la información
que involucra al señor Colorado, acusado por el gobierno norteamericano, nota
que acompañó con gráficas donde se ve al ex mandatario estatal cabalgando a su
lado. Presto, en plena campaña
electoral, el ex candidato a gobernador panista, Yunes Linares, aprovechó para
arremeter contra su archienemigo Fidel Herrera Beltrán, a quien acusó, en el
noticiero de Carmen Aristegui, de que protegía al hoy acusado. Pero no había
pasado mucho rato cuando de pronto quién sabe de dónde se filtró a los medios
otra fotografía donde se observa al ex director general del ISSSTE alzándole la
mano al hermano de Pancho, Miguel Colorado, candidato a diputado federal panista
hace tres años, en lo que bien se podría interpretar como un clásico haber
escupido hacia arriba.
Hasta ayer todo era solo un escándalo mediático,
porque a Fidel lo acusó Miguel Ángel de palabra, pero ninguna autoridad
policiaca o judicial, ni de México ni de los Estados Unidos, lo ha señalado
hasta ahora –por lo menos públicamente no se ha dicho nada– de que pudiera
estar siendo objeto de alguna investigación o de que pudiera tener alguna
responsabilidad y solo el desarrollo de los acontecimientos habrá de determinar
si existe algo que perseguir en su contra; o a menos que Yunes Linares, con
pruebas en la mano, presente la denuncia correspondiente. Pero el hecho de que
el ex secretario de Gobierno en tiempos del gobernador Patricio Chirinos
aparezca en otra imagen con el hermano del hoy acusado y perseguido por la
justicia norteamericana, tampoco implica ningún ilícito, si bien queda para el
morbo la exhibida que les pusieron a los dos aludidos apareciendo con un
delincuente considerado hoy de altos vuelos.
Pero, coincidencia o no de que se buscara un
efecto electoral, el hecho es que el escándalo impactó en la campaña
presidencial a grado tal que, entrevistado al respecto, el candidato Enrique
Peña Nieto obró prudentemente y de la mejor manera –así debió haberse
pronunciado, en sus ámbitos respectivos, con respeto a los señalamientos por
corrupción que llueven contra Carlos Romero Deschamps y Elba Esther Gordillo,
porque no haberlo hecho es algo que le está pesando en contra entre el
electorado– al pronunciarse a favor de que las autoridades investiguen si es
que hay algún sustento en el señalamiento en contra de Fidel y, como
adelantándose por si hubiera más, advirtió que se debe aplicar la ley sin
importar quienes son los personajes señalados. “Pues que sea la justicia la que
investigue y que aplique la ley. Creo que en este tema he señalado con toda
claridad, y en lo personal, que corresponde a las instancias de procuración de
justicia hacer las investigaciones y
aplicar la ley, trátese de quien se trate, aquí no hay mayor definición de parte
de su servidor que no sea otra que aplicar la ley”.
Ahí está, tristemente con políticos
veracruzanos destacados, como protagonistas –en el portal de Proceso aparece una nota con el
encabezado: “El PAN, también embarrado en narcoescándalo de Veracruz” y
mostrando la foto alusiva a Miguel Ángel–, un escándalo mediático que en nada
ayuda a la buena imagen de la entidad, ya de por si afectada por los sucesos
que han repercutido incluso en el mundo entero.
Pero –apunto al principio–, el único
que aparece limpio es el gobernador Javier Duarte de Ochoa y hoy, a la
distancia, tiene que dársele la razón de haber marcado su raya y de haberse
deslindado con toda oportunidad, de haber fijado muy claramente su postura, lo
que lo mantiene a salvo de cualquier involucramiento. Elia Melchi, del diario
porteño Notiver, le preguntó (la
entrevista apareció el 16 de abril pasado con el título “El gobernador soy yo”)
a propósito del tema de la seguridad –que dijo que ha sido su más dura
experiencia–, si no ha habido alguna amenaza en su contra. Respondió que sí:
“Muchas, muchas, muchas. Hemos vivido teniendo varios roces con la delincuencia
organizada, pero me queda algo muy claro y muy puntual: que cuando uno no está
contaminado y no tiene ningún interés con algún grupo delincuencial, uno está
haciendo simple y llanamente su trabajo, como es el de salvaguardar la
tranquilidad, la armonía de una sociedad y uno no tiene tampoco nada que temer
porque uno no está haciendo nada malo…”.
Pero ya antes, en aquel memorable
mensaje nocturno del 8 de agosto de 2011 para aceptar abiertamente que había
delincuencia organizada en el estado (porque antes se negaba), que estaba
afectando el desarrollo de programas, pero que se le combatiría sin descanso,
había sido muy claro:“Por esa razón expreso que todos aquellos servidores
públicos que por miedo o por interés económico estén coludidos con grupos
delincuenciales, tendrán que responder a la sociedad por sus malos actos, por
la traición a la confianza depositada en ellos y serán sancionados con todo el
peso de la ley”.
Y como para no dejar ninguna duda, la noche del 9
de marzo, durante una visita a las instalaciones del Diario de Xalapa (la entrevista apareció publicada el día 12),
declaró a René del Valle que en materia de seguridad las reglas habían
cambiado, que había estado dispuesto a pagar el costo político que significaba
entrarle al combate a la delincuencia, sin importarle que ello significara
arriesgar su posición como político, como gobernador, y su diagnóstico sobre la
situación que heredó fue reveladora: “… pero ya estamos en una ruta distinta a
la de hace unos días, completamente distinta, ahora sí estamos en una posición
de gobierno, porque antes estábamos en una posición de no gobierno, el gobierno
eran aquéllos, con extorsiones, en cárceles, incluía a las corporaciones…”.
Hoy, cuánto se debe felicitar por no haber tenido
reparos en enfrentar la situación, pero también por haberse deslindado
públicamente del pasado. Es cierto, entonces eso le valió críticas. Hoy, el
tiempo le ha dado la razón.
Mientras, con todo el escándalo, los que deben
estar felices deben ser Andrés Manuel López Obrador y todos sus seguidores.
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