Prosa
aprisa
La “Alta Especialidad” médica de Veracruz
Arturo Reyes
Isidoro
Nunca
antes en la historia de los servicios médicos públicos del estado el propio
titular del ramo, el mismísimo presidente de la Comisión Estatal de Derechos
Humanos, el director del DIF Estatal y hasta el contralor general del Gobierno
del Estado habían reaccionado con tal presteza, habían salido a hacer frente a
un grave problema con boletines, declaraciones o conferencias periodísticas
cuando generalmente se acostumbra guardar silencio e incluso nunca habían
llegado a la denuncia penal, como en el caso del matrimonio de la joven señora
Martha Luisa Rodríguez Mena y de su esposo Carlos Rodríguez Castro, a quienes
en un hecho descarnado, cruel e inhumano les entregaron en el Hospital Regional
de Alta Especialidad de Veracruz a uno de sus dos bebes, presuntamente nacido
muerto, en un galón, dentro de un garrafón de plástico.
No
son para menos las reacciones. Se trata de un hecho vergonzoso, reprobable, que
mancha terriblemente al servicio médico público del estado y, en el aspecto
médico, crea desconfianza, incredulidad e inseguridad en los servicios
hospitalarios oficiales, mientras que en el terreno político pone en entredicho
a la administración pública estatal, aunque también tiene implicaciones
académico-profesionales, jurídicas y éticas.
Tanta
preocupación oficial por el caso da qué pensar y caben varias interpretaciones.
Podría ser que los funcionarios estén plenamente conscientes de que se cometió
un grave, verdadero crimen médico así haya sido involuntario pero por falta de
capacidad médica profesional o por descuido y tratan de contener el aluvión
mediático, de los medios críticos. Podría ser que ellos mismos tengan dudas y
no quieran comprometer más la imagen de la
institución médica ante la afirmación del adolorido padre de que le
cambiaron a su hijo, de que le sustrajeron uno al nacer y le dieron el cuerpo
de otro, pues no se cansa de mostrar a la prensa las imágenes de los
ultrasonidos que le hicieron a su esposa que muestran que sus dos productos
venían vivos. Podría ser que se anticipan para salvar cualquier responsabilidad
oficial. Podría ser que les invadió, en lo más profundo, su condición de seres
humanos sensibles y se pusieron en el lugar de los adoloridos padres y actuaron
por un sentimiento de solidaridad. Podría ser que teman que si el asunto no se
aclara lo suficientemente no tarde en desatarse otro escándalo mediático como
otros que han envuelto a la administración estatal. O podría ser que teman la
ira del Gobernador para ahora que regresen al estado y despida a más de uno.
Anomalías
en los servicios médicos públicos del estado siempre los ha habido, pero
generalmente las mismas autoridades han tratado de encubrir, con éxito, a los
responsables, negándose, además, a informar sobre los casos y dejando que se
pierdan con el tiempo. Esta vez, en forma insólita, los propios Servicios de
Salud de Veracruz (SESVER) interpusieron una denuncia de hechos ante la Agencia
Segunda del Ministerio Público Investigador, con residencia en la ciudad de
Veracruz, en contra de quien o quienes resulten responsables por el
incumplimiento de la normatividad interna en el manejo del escandaloso caso
ocurrido el pasado domingo.
Los
propios responsables directos, encabezados por la directora del nosocomio,
Aracely Cabrales Mujica, insisten, machacan que se trató del incumplimiento de
la normatividad interna, pero si fue así, entonces cabe preguntar por qué
además de la presunta suspensión del doctor residente del área de ginecología
del hospital no se procedió administrativamente, como correspondía, y en cambio
se hizo la denuncia penal. Aunque siendo tan delicado el caso, extraña que
hasta ahora se nieguen a proporcionar un solo nombre de algún presunto
responsable (en conferencia de prensa la directora Cabrales Mújica dijo no
recordar el nombre del médico residente), lo que hace recaer la responsabilidad
en toda la institución.
Desde
un principio el asunto despide un tufo no precisamente de asepsia. El joven
padre ha declarado que su joven esposa llevó un proceso de gestación normal y
controlado por los médicos del Hospital de Tarimoya en el puerto de Veracruz,
en el cual le programaron el parto gemelar para el domingo 5 de agosto. Para su
desgracia, al acudir en la fecha para ser atendida les informaron que los
ginecólogos estaban de vacaciones por lo que los remitieron al Hospital
Regional de Alta Especialidad. El resultado, ya se sabe: a uno de sus presuntos
bebés se los entregaron muerto dentro del garrafón de plástico aunque antes a
él le dieron versiones contradictorias: que los gemelos habían nacido bien; que
eran niño y niña y estaban bien; y que uno había nacido muerto y otro no porque
estaba sin vida dentro del vientre desde la semana 17 de gestación, aunque las
imágenes del último ultrasonido que le habían hecho a su esposa el 28 de mayo
muestran que ambos venían bien (“tengo el ultrasonido que llevaron a cabo, ahí
siempre –en el Hospital de Tarimoya– me
dijeron que estaban estables, inclusive me entregaron las fotografías que afirmaron
que estaban bien, por escrito”). Su esposa le dijo que habían nacido vivos.
El
reportero Víctor Pineda, del diario Notiver,
consignó en la edición del martes que él se enteró del caso porque un familiar
de la joven pareja es su conocida y que cuando él acudió al hospital la
directora no le dio la cara y que incluso lo mandaron sacar del nosocomio,
aunque advirtió una corredera de médicos; que por la anoche habló con el papá y
éste le dijo que lo había mandado llamar la directora para pedirle que no hiciera
más “borlote” en los medios, porque para entonces ya había trascendido el caso.
Como si todo lo que había pasado no era ya suficiente, tal vez porque lo vieron
humilde, le dijeron que se podía llevar a su casa el garrafón con los restos de
su presunto hijo y luego regresarlo para hacerle estudios además de que tenía
que pagar 190 pesos para ello. Bárbaros, crueles, inhumanos y desconsiderados.
Con
toda razón, el joven Rodríguez Castro denunció por negligencia médica al
Hospital Regional de Alta Especialidad de Veracruz ante la Agencia Segunda del
Ministerio Público.
En
contrapartida, la SESVER, a través de su representante legal, Ashanty Matus
Pacheco, solicitó que se practicaran las diligencias necesarias para fincar
responsabilidades por los hechos ocurridos. “La Secretaría de Salud y SESVER
revisaron el control de natalidad que la paciente seguía en el Hospital de
Tarimoya, donde se refiere que la última revisión que se practicó fue el 28 de
mayo pasado. Las dependencias requirieron la prueba de ADN y solicitaron la
necropsia del óbito fetal para responder a todas las dudas de la familia
Rodríguez Rodríguez”, se dijo oficialmente.
El
director general del DIF Estatal, Juan Antonio Nemi Dib, anunció que
respaldarían a la familia y calificó de inadecuado, lo que sucedió. Por su parte, el presidente de la Comisión
Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Luis Fernando Perera Escamilla, instruyó al
encargado de la delegación de la institución en la ciudad de Veracruz,
Abraham Hernández Patiño, acompañar
a los padres del recién nacido en
los trámites necesarios ante las
instancias correspondientes. A su vez, el contralor general del estado, Iván
López Fernández, dio a conocer que la dependencia a su cargo interviene en el
caso a través de la Contraloría Interna del Sector Salud, que determinará si
hubo o no algún tipo de error administrativo por parte del personal que atendió
a la paciente, para sancionar quien corresponda si hay lugar a ello, aunque, con
todo sentido común, señaló que lo importante es saber qué pasó y por qué.
Conozco
al Procurador General de Justicia, Felipe Amadeo Flores Espinosa, desde que era
muy joven y siempre he tenido la mejor imagen de él. Sé que es serio y
seguramente ordenará una investigación a fondo, no solapará a nadie caiga quien
caiga y no comprometerá ni pondrá en duda la decisión del gobernador Javier
Duarte de Ochoa de hacer bien las cosas, en forma clara y transparente, en su
administración. ¿De qué tamaño es su responsabilidad? De limpiar la mala imagen
de los servicios médicos públicos del estado, porque si eso sucedió en un
hospital de “Alta Especialidad” (lo ponen así, con mayúsculas), cómo estará el
resto.
Esto es solo una pequeñísima muestra de como subestiman el valor como seres humanos de estas personas que tienen necesidad de acudir a los hospitales de la Secretaría de Salud, médicos que apenas si los ven, enfermeras que parecen sargentos mal pagados y no se diga del personal de intendencia que muchas veces corren a las personas porque están "limpiando",y se atreven a dar información sesgada que les dejan encargado personal médico y de enfermería, no me cuentan, lo he visto, se imaginan como tratan a los que tienen el famoso SEGURO POPULAR, las mujeres van con sangrados profusos y las citan para dentro de tres meses, y ya es demasiado tarde, como ¡diablos! no va a ser altísimo el índice de mujeres muertas por cáncer en matriz y senos,a los tres meses ya les hizo metástasis si la atención del CECAN es una mentada de madre, esto del bebé que entregan en un garrafón, al estúpido ese que fotografiaron cargándolo le valió madres haya sido un bebé, ni a las mascotas los tratamos así aún muertos,¿Cómo es posible esos que se dicen jarochos "querendones""buena onda"? son vil escoria humana, de por si la gente TIENE PROHIBIDO ENFERMARSE EN FIN DE SEMANA, porque los médicos titulares brillan por su ausencia, me imagino el calvario que deben estar sufriendo en esa familia, aparte de la vejaciones y malos modos de los empleaduchos esos, pero me pregunto,¿supervisa el secretario de salud? ¿o manda a sus achichincles a hacerlo y por supuesto que hacen de todo menos supervisar y le entregan estadísticas color de rosa seguramente? ¡Que triste, que lamentable en pleno Siglo XXI, sucedan cosas tan horrendas!
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