Prosa aprisa
Parece que sí, que llegó para quedarse
Arturo Reyes Isidoro
Po’s sí. Sigue bajando las cosas
de la camioneta y acomodándolas en la casa. Está haciendo limpieza general,
lavando los pisos, echando lejía a los baños, colgando los tendederos, checando
que haya suficiente gas, que funcionen bien las instalaciones eléctricas,
cambiando focos viejos y poniendo unos ahorradores, probando que funcione bien
el timbre, que sirva bien la estufa de gas, el horno de microondas, la lavadora
y la secadora, cortando el césped del jardín, plantando flores. Ya bajó y
acomodó la casa de las mascotas y contrató servicio doméstico.
El viernes pasado escribí [“El nuevo (viejo) equipo de
Ampudia”]: “Recién había
asumido el cargo, en un prolongadísimo desayuno, Enrique (Ampudia Mello) me
comentó, o así le entendí, que su pretensión no era venir a echar raíces a
Xalapa, a Veracruz, a quedarse a vivir para siempre, sino a servir por el
tiempo que fuera necesario; tampoco estaba –o está– entre sus pretensiones
venir a ocupar el cargo de otro (me habló muy bien del Secretario de Gobierno,
Gerardo Buganza Salmerón), a desplazar a nadie, sino solo a responder, a
ofrecer resultados y a servir al gobernador Duarte de Ochoa, a quien le está
agradecido y reconocido por la confianza que le otorgó.
“Comento esto porque, en los
hechos, pareciera que conforme corre y pasa el tiempo habría indicios de que su
estadía se puede prolongar por lo menos el resto del sexenio, pues eso
indicaría el hecho de que empieza a reconformar su viejo equipo, un viejo
equipo en el que confía totalmente, con todo su sello personal y ajeno a
cualquier interés o influencia de alguna otra área de la estructura
administrativa estatal”.
Lo escribí a propósito de los
nombramientos de Luis Francisco Sardiñas Salgado como director de Política
Regional y de Emilio Cárdenas Escobosa como coordinador de Asesores de la
Subsecretaría de Gobierno, pero hete aquí que la noche del pasado martes se
dieron a conocer los nombramientos de otros dos personajes de aquellos años del
chirinato de los años 90, cercanísimos a Ampudia, Rogelio Hernández Madrid y
Jorge Santos Azamar, uno como director general de Gobernación y otro como
director general de Organizaciones y Partidos Políticos, lo que estaría
reforzando esos indicios.
Es indudable que estas personas
están cargadas de experiencia política, de operatividad política, pero también
de sensibilidad, todo lo cual, sin duda alguna, habrá de redundar en beneficio
del gobierno de Javier Duarte de Ochoa.
Cuando el joven titular del Ejecutivo
del estado dio posesión a Enrique el pasado 17 de julio, aprovechando que
pasaba varios días en la Ciudad de México quise saber de buenas fuentes qué
papel jugaba realmente Ampudia en el equipo presidencial y no faltó la pregunta
si realmente el virtual nuevo presidente, Enrique Peña Nieto, tenía amistad,
relación o siquiera identificaba de algún modo al nuevo Subsecretario.
Se me dieron tres referencias. Se
conocen hace muchos años porque departían con un amigo común: Sebastián Lerdo
de Tejada, representante del PRI ante el IFE. Cuando Peña Nieto fue candidato
al gobierno del Estado de México, Manlio Fabio Beltrones, entonces dirigente
nacional de la CNOP, lo envió a operar con su representación al lado mexiquense
y ganaron las elecciones. A raíz del tropiezo en Guadalajara, en la Feria
Internacional del Libro, al ahora funcionario del gobierno de Veracruz lo
invitaron al famoso war room (cuarto
de guerra) del equipo presidencial y, según, a él le habrían encargado el
diseño de una estrategia tanto para evitar nuevos embrollos como para
reaccionar de inmediato y contener los daños, lo que habría gustado al copetudo
porque dio buenos resultados.
La lectura que se da ahora es que
al haberlo invitado el gobernador Duarte de Ochoa a venir a Veracruz a colaborar
a su lado es para que con su experiencia y el conocimiento que tiene de los
grandes propósitos del entrante Presidente, lo ayude a cimentar las bases para
solventar el gran proyecto nacional peñanietista, que, según se dice, habrá de
detonar a Veracruz a alturas insospechadas, pues el mexiquense hará descansar
mucho el desarrollo del país, y por ende el éxito de su administración, en el
gran potencial natural, humano, industrial y económico que tiene la entidad.
Ello hablaría, además, del
excelente nivel de entendimiento entre el virtual nuevo Presidente y el
Gobernador de Veracruz, y por eso el apoyo que Duarte de Ochoa está dando al
nuevo funcionario para que arme el equipo necesario que ayude a conseguir el
gran propósito, pero, además, también, porque contra todo lo que se ha venido
especulando y manejando, Enrique Peña Nieto tiene todo el propósito y el
interés de dar al joven gobernante veracruzano una gran fuerza, una gran
presencia, sacar adelante su proyecto de gobierno y ayudarlo a conseguir un
gran liderazgo político entre todos los veracruzanos.
Ya de paso, de cara a lo que
viene en 2013, las elecciones para diputados locales y presidentes municipales,
se aplicaría aquel dicho de que para que la cuña apriete tiene que ser del
mismo palo, y se iría en la dirección de combatir fuego con fuego, es decir,
que nadie mejor que los nuevos funcionarios conocen la forma de operar
políticamente de Miguel Ángel Yunes Linares, por lo que se le enfrentaría con
mejor y mayor éxito el año que viene.
Se esperarían, así, nuevos y
mejores tiempos para Veracruz, todo el respaldo oficial ahora que se vayan los
panistas del gobierno, y dentro de todo eso se insertaría la llegada y la
presencia de Ampudia Mello, siempre bajo la directriz política de Javier Duarte
de Ochoa.
Nobleza obliga
Ante los últimos acontecimientos,
tengo que agradecer las muestras de solidaridad, de compañerismo, de aliento,
de apoyo, lo mismo de políticos y de funcionarios del propio Gobierno que de
compañeros periodistas, de lectores, de amigos, de conocidos, de familiares y
de tantas y tantas personas a las que no conozco pero que me siguen y han
querido hacerse presentes.
Pero esta vez quiero y debo hacer
una mención especial, porque es de justicia: mi reconocimiento, todo mi
reconocimiento al gobernador Javier Duarte de Ochoa por su solidaridad, por su
respeto, por su mensaje. Me queda claro que quiere hacer las cosas bien y
diferentes aunque va encontrando
obstáculos en su propósito.
Creo que en su sano juicio, nadie
quiere que le vaya mal a Veracruz. Una función de la prensa es tratar de
coadyuvar señalando lo que no funciona. A veces no gusta o molesta al hombre en
el poder o a quienes colaboran con él. En el caso de Javier Duarte, me queda
claro que es y está receptivo y dispuesto a hacer bien las cosas, con respeto a
la pluralidad, con respecto a la libertad de expresión. Yo no tengo más que
reconocerlo, y ahora lo hago públicamente.
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