Prosa aprisa
Tiempo perdido
Arturo Reyes Isidoro
El pronóstico, hasta ayer, prevé
que el huracán “Ernesto” tocará tierra por segunda vez en territorio nacional,
luego de impactar en Quintana Roo, la mañana del próximo viernes, esta vez en
la región central de Veracruz.
Sin duda, no es ninguna buena
noticia para las autoridades del estado y municipales, porque la emergencia que va a provocar requerirá
necesaria y forzosamente de la atención oficial no solo para atender a los
damnificados sino también los daños materiales y a los servicios públicos que
generalmente se provocan en estos casos, todo lo cual se traduce en dinero, en
su disponibilidad y en su aplicación.
Corre ya agosto y si se descuenta
el actual mes solo restarán cuatro para concluir el año, varios de los cuales
se reducirán a nada –septiembre con las fiestas patrias se va en pachangas, en
noviembre nuevamente adelantarán a los burócratas federales el aguinaldo por el
Buen Fin y en diciembre ya todos se la pasan pensando en el pago de aguinaldo y
en las posadas– para la efectividad en especial de las autoridades municipales,
las más cercanas a la gente, las que, entretenidas y afectadas por las pasadas
elecciones ya casi perdieron el año para la realización de la obra pública no
solo de gran magnitud sino de gran contenido social, pues con las lluvias (y
las inundaciones en muchos casos) de por medio y la escasez de recursos, que se
sabe que padecen, poco o nada podrán hacer ya.
Pero lo más preocupante para los
actuales alcaldes es que al concluir este año habrán consumido ya dos de su
mandato de tres y prácticamente no han hecho nada relevante, no tienen nada de
qué presumir ante los ciudadanos, no tienen ninguna obra significativa y el año
que viene sus demarcaciones estarán envueltas en el proceso electoral para
renovar los ayuntamientos, proceso que, seguramente como ocurrió este año,
absorberá una cuantiosa cantidad de recursos que se distraerán de los
satisfactores prioritarios que requiere la población.
En lo que va de las gestiones
municipales actuales, ha sido significativa la nimiedad de la acción oficial
municipal. Una y otra vez se la han estado llevando solo con pan y circo, con
festivales de salsa que ningún beneficio deja al grueso de la población, con la
inauguración de alguna fuentecita que a las pocas horas ya no funciona bien o
con la realización de actividades solo para taparle el ojo al macho como esas
boberías del filete más grande del
mundo, de la cocada más grande del mundo, de la mariscada más grande del mundo,
etcétera, pero de obra concreta, material, palpable, disfrutable, poco o nada,
si acaso solo algunas paladas de asfalto para medio tapar baches.
Si alguien tuviera la curiosidad,
la paciencia y el tiempo para abrevar en las hemerotecas sobre todo los
ofrecimientos que como candidatos hicieron los actuales alcaldes, acaso podrían
comprobar que apenas si han cumplido en un 30 por ciento, que mantienen sus
municipios con un gran déficit de obras y de servicios y que han realizado
grandes acciones pero solo en las páginas de los periódicos (siempre me ha llamado
la atención, por ejemplo, el sofisma con que se promueve la presidenta
municipal de Xalapa, Elizabeth Morales García, quien luego manda insertar una
fotota suya con una notota periodística y un gran encabezado que dice: “Realizó
la alcaldesa 3 mil acciones”. Cuando va uno al detalle se entera que en
realidad entregó tres mil paquetes con un cuadernito, de los más baratos, un
lápiz y un borrador).
Mucho se manejó en el pasado
proceso electoral federal que varios candidatos perdieron porque el ciudadano
castigó a las autoridades municipales en funciones y a sus partidos por la
falta de resultados, por los escandalosos sueldos que se han autoasignado, por
el favorecimiento, a ojos vista, con cargos o comisiones a sus familiares, a
sus parejas o a sus incondicionales, por la falta de transparencia, por la
promesa incumplida, por sus escándalos personales y con cargo al erario. Mucho hay de cierto.
Es cierto también: casi la
mayoría de las actuales autoridades municipales heredaron cuantiosas deudas,
desfalcos, desvíos de recursos, abusos (raterías) del erario público, amén de
falta de apoyo estatal y federal, en el caso del estado por la escasez de
dinero que dejó la administración anterior. Se hizo como que se hizo para tratar
de remediarlo. Se detuvo a solo algunos alcaldes de menor cuantía, en la
Legislatura se la pasan amenaza y amenaza de que se actuará contra los alcaldes
que cometieron irregularidades, pero no se sabe que se haya recuperado un solo
quinto. La viva impunidad, pues.
Ahora llegó la temporada fuerte
de lluvias, las que producen inundaciones, damnificados, daños materiales
cuantiosos, corte y afectación de servicios, situaciones de emergencia. Por eso,
la inminente llegada de “Ernesto” no puede ser bien recibida por parte de las
autoridades. De los ciudadanos, menos.
Y a la par de la llegada de lo
fuerte de la temporada de lluvias, tormentas y huracanes, vendrá aparejado
también el nuevo proceso electoral local y municipal. Llegado el momento,el
ciudadano tendrá, seguramente, listo su voto de castigo si además de malos
candidatos que sean postulados, las actuales autoridades no le cumplen con
obras y servicios de calidad, los que les prometieron, por los que pagan sus
impuestos, los que demandan y necesitan.
De Xalapa, donde vivo y por lo
que tengo más presente todo lo que se nos ofreció en 2010, lo menos que se nos
vendió es que sería una verdadera Xalapalandia, un sitio de ensueño, el paraíso
en la Tierra, la Disneylandia urbana de México, el País de las Fantasías.
Habría que realizar un recorrido por colonias y fraccionamientos, por el mismo
centro de la ciudad, para comprobar el lastimoso estado material en que se
encuentra la capital. La alcaldesa Elizabeth Morales García se niega a
reconocer que mucho tuvo que ver en la derrota de Reynaldo Escobar Pérez, pero
así fue, por su omisión o por su falta de acción para darnos la capital que nos
merecemos. Sus logros más significativos y que sigue presumiendo son una
tirolesa en el Paseo de los Lagos, una cuevita que rehabilitó y un muralito que
mandó pintar en el viaducto o pedazo de viaducto que tenemos.
Pero llega “Ernesto” y en lugar
de que se presumiera ahora la obra material que protegiera a miles de
veracruzanos de las lluvias e inundaciones, ya se prepara a los fotógrafos y a
los camarógrafos oficiales para que capten a las autoridades poniendo en
servicio albergues que no son más que las escuelas y edificios públicos
habilitados a donde año con año van a parar los desprotegidos, los afectados,
los olvidados, los que en las colonias fueron a votar y siguen padeciendo de la
inoperancia de las autoridades municipales y esperando todos los que se les ha
prometido.
Y pensar que luego vendrán
“Pedro” y “Elena” y “John” y “Katleen” o como se vayan a llamar los demás
huracanes. En un año que les restará a los actuales Ayuntamientos, poco podrán
hacer ya. Dejados perder dos años, ¿habrá quien no acepte que se pueda
adelantar el adjetivo fracaso para las actuales administraciones municipales?
Héctor, insiste
¿Qué hacía ayer el senador electo
Héctor Yunes Landa en un hotel de Xalapa con los 50 coordinadores distritales y
regionales de su campaña, aparte de desayunar y ver el partido de fútbol? Me
invitó a sumarme. Le agradezco.
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