Prosa aprisa
La credibilidad oficial, en duda
Arturo Reyes Isidoro
La declaración, el miércoles 15,
del Procurador General de Justicia, Felipe Amadeo Flores Espinosa, dando por
esclarecido el asesinato de cuatro periodistas y el de una trabajadora de un medio
del puerto de Veracruz, ha servido para mostrar que la credibilidad oficial
está en duda.
Siendo una buena noticia, en
especial para el gremio periodístico, porque hasta ahora no se había informado
de que se hubiera resuelto un solo caso de compañeros victimados –asesinados o
secuestrados y desaparecidos– dando nombres y detalles, sustentados en la
declaración de los propios delincuentes, no acabó de convencer plenamente.
El informe del Procurador
despertó interés y ocupó espacios importantes en los medios de la Ciudad de
México e incluso de la prensa internacional, aunque para Salvador Camarena,
corresponsal en México de EL PAIS de España, todo fue producto de la buena
suerte y no dejó de mostrar cierto dejo
de escepticismo.
El rotativo cabeceó (tituló) la
nota de su corresponsal con cierto matiz de duda: “El Gobierno de Veracruz dice que ha aclarado la muerte de cinco
periodistas”. Ese “dice” no implica ninguna aceptación contundente de que se
tenga la certeza de que, en efecto, los casos hayan sido resueltos plenamente. Y todavía le agregó una
bajada (subtítulo) que reafirma su sospecha: “Una ONG que defiende la libertad
de prensa en México duda de la información dada a conocer”.
La nota de Salvador Camarena
expresa en su primer párrafo: “Hay días de suerte, y el Gobierno de Veracruz
parece haber tenido uno. O al menos de eso quiere convencer a los mexicanos.
Las autoridades de ese Estado han reportado la detención de una ‘célula
delictiva’ causante de 36 crímenes, incluidos los asesinatos de cuatro periodistas,
casi la mitad de los que han sido asesinados en esa provincia mexicana desde
que es gobernador Javier Duarte (PRI). Por si fuera poca la buena fortuna del
gobernante, han quedado resuelto un crimen más en contra de otro periodista. Y
en el colmo de la buena fortuna, los autores de este último crimen ya ni
siquiera tendrán que ser llevados a juicio, pues murieron en un enfrentamiento
ocurrido recientemente”.
Por su parte, la organización
Artículo 19, la ONG que defiende la libertad de prensa en el país, difundió en
un comunicado: “El Gobierno de Veracruz intenta dar carpetazo a la peor crisis
de violencia contra la prensa de la entidad al atribuirle la aceptación plena
de los homicidios a un grupo de personas que no han sido aún sometidas a proceso.
Más preocupante resulta aun que el procurador estatal Amadeo Flores Espinosa
criminalice a las víctimas al afirmar que ‘estos reporteros a su vez habían
sido los causantes de la muerte de otros periodistas asesinados por la
organización delictiva autodenominada Los Zetas’”.
Pero hubo reacciones en general.
Unos opinamos comentando que qué bueno que se hubieran esclarecidos los casos,
según las declaraciones del Procurador, y otros dudando o de plano rechazando
lo dado a conocer por el fiscal. El diario Notiver,
en un ejemplo de ejercicio periodístico profesional, no se atuvo al simple
boletín oficial sino que publicó en su primera plana y en forma destacada (las
tres cuartas partes de toda su portada) la nota informativa de la agencia
Proceso dando cuenta de lo que había informado el Procurador, la nota publicada
en EL PAIS, el texto íntegro de lo emitido por Artículo 19 y, de paso, la copia
facsimilar y la transcripción impresa de las actas judiciales que contienen la
declaración de Juan Carlos Hernández Pulido alias “La Bertha” o Juan Carlos
Castro Vertiz alias “El Vertiz”, que fue quien hizo las graves imputaciones
contra unos periodistas victimados señalándolos como los causantes de la muerte
de otros.
Creo que cuando el Procurador
decidió salir a ventilar el caso públicamente es porque estaba y está
convencido de que por primera vez se tiene el testimonio de un testigo que hace
un señalamiento concreto y directo, con nombres, en el caso de la muerte
violenta de periodistas en el estado, lo que no necesariamente implica que haya
dicho la verdad. Pero es un elemento que, sin duda, no se puede ni se debe
desestimar. No proclive a hacer declaraciones ni a aparecer en la prensa,
pienso que esta vez el fiscal del estado lo hizo porque consideró tener
elementos de peso para hacerlo.
Cuando me ocupé del caso
oportunamente, expresé mi extrañeza de que esta vez no fuera el propio
gobernador Javier Duarte de Ochoa quien saliera a dar la información ni de que
apareciera con el Procurador la titular de Comunicación Social, Gina Domínguez,
siendo que los crímenes habían causado revuelo internacional y un anuncio de
tal naturaleza como el que se hizo serviría para restituir en parte la buena
imagen del gobierno. Planteé si acaso eso marcaba una nueva forma de actuar en
política comunicativa, aunque ahora bien podría preguntarse si acaso no lo
hicieron porque ya habían calculado que habría escepticismo, duda,
cuestionamientos y decidieron que Amadeo Flores Espinosa cargara con todo el
muerto, como ocurrió.
Lo que sí, decía al principio, ha
quedado en claro que lo que diga el gobierno o lo que se diga desde el gobierno
ya no convence plenamente, lo que debiera ser motivo de preocupación en el
interior de la administración estatal pues tal duda, desconfianza, recelo,
escepticismo, no son gratuitos y no pueden dejar de verse como una consecuencia
de aquella desafortunada (para la gestión gubernamental) desinformación al
inicio de este gobierno, cuando se dieron los primeros casos de muertes
violentas a causa de la delincuencia organizada en que, sin investigar, en
conferencia de prensa se implicó dolosamente a compañeros ya muertos, o como
cuando se trató de ocultar muertes masivas que salieron a la luz por la fuerza
de las redes sociales, errores acompañados por sus respectivos boletines de
prensa.
Así, en el gobierno tienen otro
gran reto que es recuperar la credibilidad perdida así como la confianza
ciudadana y periodística, cosa que solo lograrán con buenas acciones oficiales,
pero sobre todo informando sobre los hechos tal cual.
A nadie más, en especial, que a
quienes ocupamos el espacio público periodístico nos importa y nos preocupa
que, en efecto, se aclaren plena y debidamente los crímenes de los compañeros
muertos, así como los casos de quienes están desaparecidos, y en ese sentido yo
apoyo cualquier intento oficial que tenga esa preocupación y cómo desearía que tanto
Javier Duarte de Ochoa como Felipe
Amadeo Flores Espinosa pudieran darnos más seguido buenas noticias, o al menos
esperanzadoras noticias, no solo de esclarecimientos sino de que la geografía
veracruzana, el espacio público, recuperan sus niveles de seguridad para el
ejercicio periodístico.
Por lo pronto, en ese afán y para
seguridad y tranquilidad del gremio, mi gremio, estoy de acuerdo con la
petición de Artículo 19 de que autoridades federales, particularmente la
Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de
Expresión de la PGR, investiguen a profundidad los casos, agoten la línea
relativa al ejercicio periodístico de las víctimas, además de que sancionen a
los responsables y reparen el daño a los afectados. Por eso, qué bueno que ayer
se confirmó que PGR atrajo el caso para comprobar si es que los delincuentes
señalados tuvieron que ver con la muerte de cinco periodistas veracruzanos.
Y para todo esto, ¿dónde está la Comisión para la Atención
y Protección de los Periodistas en el estado, que oficialmente no se ha
pronunciado al respecto ni ha fijado su postura?
No hay comentarios:
Publicar un comentario